Conducta Universalmente Preferible: Una Demostración Racional de la Ética Secular

Stefan Molyneux ha derrotado a la bestia del relativismo moral. Mal que les pese a gobiernos e iglesias, la ética ya cuenta con una definición precisa y un sólido fundamento lógico y empírico.

Tenemos el agrado de presentar en FDRspanish la primera traducción al castellano del libro “Universally Preferable Behaviour: A Rational Proof of Secular Ethics ”, por el momento en una versión reducida que seguiremos ampliando.

Conducta Universalmente Preferible

Una Demostración Racional de la Ética Secular

PREFACIO

Muchos cuentos de hadas narran la historia de una bestia feroz con terribles poderes, generalmente un dragón o un basilisco, que tiraniza a los habitantes de los poblados locales. Ellos tiemblan ante semejante monstruo, y, con la esperanza de apaciguar su instinto asesino, periódicamente sacrifican animales y entregan dinero a modo de ofrenda.

La mayoría de los aldeanos se encogen y palidecen a la sombra de la bestia, y llaman a su temor “prudencia”. Pero algunos — ebrios, tal vez, de coraje o temeridad — optan por luchar. Año tras año, década tras década, ola tras ola de aspirantes a la gloria miden su fuerza, virtud y astucia contra el abominable tirano.

Y fracasan, una y otra vez.

La bestia es inmortal, de modo que los aldeanos no pueden confiar en el paso del tiempo para librarse de su tiranía. La bestia no es racional, y no tiene intenciones de comerciar, por lo que no hay negociación posible con ella.

La única esperanza de los afligidos aldeanos es la irrupción de un hombre que logre por fin derrotar a la bestia.

Un día, tomando a todos por sorpresa, un hombre que nadie cree capaz de semejante hazaña da un paso adelante y enfrenta a la bestia. Es un mozo de cuadra, el hijo de un zapatero, un aprendiz de panadero — o, a veces, un simple vagabundo.

Este libro es la historia de mi propio asalto a la bestia.

Esta “bestia” es la creencia de que no es posible definir un sistema de ética objetivo, racional, secular y científico. Esta “bestia” es la ilusión de que la moral debe perderse para siempre en el pantano irracional de los dioses y los gobiernos, y que, carente de justificación lógica y definición precisa, debe ser impuesta por razones meramente pragmáticas. Esta “bestia” es la fantasía de que la virtud — nuestra mayor alegría, nuestra felicidad más profunda — debe ser desechada por los adultos no religiosos, como si se tratara de un primitivo objeto de culto que aún sirve de coartada a sacerdotes y políticos — y a padres. Esta “bestia” es la superstición según la cual, en ausencia de las diatribas de los padres, la intimidación de los dioses o las armas de los gobiernos, no es posible que alguien llegue a ser bueno y a la vez racional.

Muchos grandes héroes han sido derribados por esta bestia, desde Sócrates a Platón, Agustín, Hume, Kant y, más recientemente, Rand.

El costo para la humanidad ha sido enorme.

Dada nuestra incapacidad para definir un sistema de ética racional y universal, nos hemos visto obligados a aterrorizar a nuestros hijos con las historias religiosas más espeluznantes, o a dotar de armas, prisiones y ejércitos a un pequeño monopolio de mandamases que se hacen llamar “el Estado”.

Mientras sigamos creyendo que la “ética” es una cuestión puramente subjetiva y cultural, seguiremos dependiendo de la intimidación, el miedo y la violencia para hacer cumplir las normas sociales. Mientras la ética siga careciendo del soporte racional del método científico, “la moral” seguirá estancada en una guerra de mitologías tribales por el control de la lealtad de las personas a “la virtud”.

No podemos vivir sin moral, pero no podemos definir objetivamente la moral — así es que nos mantenemos condenados a la vana hipocresía, la cínica dominación o la piadosa esclavitud.

Desde un punto de vista intelectual, no hay apuesta más alta: nuestro fracaso a la hora de establecer normas morales objetivas y racionales ha costado cientos de millones de vidas humanas en nombre de religiones y estados.

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El creciente flujo de información que debemos a Internet ha expuesto, como nunca antes, las mentiras de las autoridades — y de sus cómplices. La sospecha de que “la verdad” no es más que una estrategia de manipulación, y que “la virtud” no es más que una estrategia de control, ha dado a luz a una nueva generación de nihilistas. Estos relativistas extremos reservan sus ataques más enérgicos para quienes se atreven a invocar cualquier forma de certeza. La generación posmoderna parece haber superado la intolerancia y las supersticiones culturales heredadas, pero ha pasado a considerar que toda verdad es una simple afirmación prejuiciosa. Como criaturas maltratadas que andando el tiempo acaban refugiándose en la “sabiduría” cínica, los posmodernos ven en toda comunicación una publicidad, en todo alegato una propaganda, y en toda exhortación moral una estafa mal disimulada.

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La “bestia” del relativismo ético se cierne sobre nosotros, acosándonos, justificando los impuestos, las prisiones, la censura y la guerra. Esclaviza a niños y jóvenes en colegios estatales e iglesias; mantiene a los pobres atrapados en los soft gulags del estado de bienestar; hasta esclaviza a quienes todavía no han nacido, reservándoles el pozo sin fondo de las deudas nacionales.

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La razón por la cual los científicos no precisan un gobierno, o un Vaticano, es que cuentan con una metodología objetiva para resolver sus disputas: el método científico.

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INTRODUCCION

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Para aprender la verdad tenemos que ser capaces de ver el mundo desde afuera de nuestros sentidos — esto no implica el rechazo de nuestros sentidos, sino una celosa conformidad a la evidencia de los sentidos, conceptualmente integrada, en virtud de la cual no afirmamos que la tierra es plana, sino que la materia, la energía y las leyes físicas que las rigen son coherentes.

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“VERDADES INTERMEDIAS” Y EXPLOTACION

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Cuando nos curamos de una enfermedad nos sentimos mejor, pero el agente causal de la enfermedad, obviamente, no se ve favorecido. Desde la perspectiva del virus de la viruela, la vacuna antivariólica es genocida.

Asimismo, los parásitos que asfixian a la humanidad ven con horror la libertad de la mayoría. Dado que su parasitismo los libera de las demandas de la realidad — ganarse el pan de cada día —, inevitablemente ven a la libertad de la mayoría como una forma de esclavitud para sí mismos. De igual manera, un granjero vería la “liberación” de su ganado como un completo desastre…

El establecimiento de la verdad necesariamente pone límites a la fantasía. Limitando la fantasía necesariamente se limita la explotación. Si lograra convencerlo de que soy una especie de hombre-dios, hijo de un dios invisible que demanda la transferencia del 10% de sus ingresos a mi cuenta bancaria, y que de lo contrario usted será castigado por toda la eternidad, podría llegar a hacerme inverosímilmente rico. Siendo un parásito de ilusiones, dependería de esas ilusiones para subsistir así como los hongos dependen del calor, la humedad y la oscuridad.

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Inevitablemente, los parásitos religiosos procuran defender sus tesis tratando de dividir la realidad en “dos reinos” — el científico y el espiritual. Sin embargo, no hay evidencia de tal reino “espiritual” en la actualidad, como no había evidencia de un universo paralelo de “Formas” platónicas 2500 años atrás.

El establecimiento de una verdad coherente y universal necesariamente limita la explotación basada en ilusiones. En particular las “grandes verdades”, que son universales, exponen la redundancia e insensatez de la “verdades intermedias” — que son en realidad fantasías destinadas a perpetuar la explotación.

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PARASITISMO EFICAZ

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Este libro se enfocará en exponer y destruir estas falsas “verdades intermedias”. Creo que la humanidad sufre infinitamente bajo la tiranía de las falsas “verdades intermedias” en el ámbito moral, pues estas legitiman la cosmovisión destructiva del oscurantismo religioso, el despotismo secular y el culto a la familia.

Mi tesis en este libro es que en la ética, como en cualquier otra disciplina intelectual, las grandes verdades emergen directamente de las pequeñas verdades.

*** PRIMERA PARTE: TEORIA ***

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LA EXISTENCIA DE LA “VERDAD”

La verdad puede ser valorada en función de dos criterios centrales:

1. La verdad es una medida de la correlación entre las ideas en nuestra mente y la congruencia de la racionalidad, la cual deriva del comportamiento coherente de la materia y la energía en el mundo real. (Congruencia racional, o lógica interna).

2. La verdad es también una medida de la correlación entre las ideas en nuestra mente y la naturaleza y el comportamiento de la materia y la energía en el mundo real. (Evidencia empírica, o empirismo).

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Cualquier teoría, para ser válida, requiere:

1. Coherencia interna (lógica)

2. Coherencia externa (contrastabilidad)

ETICA

Puesto que la ética es una materia acerca de la cual todos tenemos ya opiniones, es importante describir la relación entre la ética instintiva y la ética racional.

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Si propongo una teoría científica que invalida completamente la habilidad de un jugador de baseball para atrapar una pelota al vuelo, tendré que enfrentar el imposible desafío de explicar cómo es que el jugador de baseball efectivamente puede atrapar la pelota. Si además mi espléndida teoría no es capaz de predecir ni remotamente la trayectoria de una pelota en vuelo, tengo una “gran verdad” que contradice a una “pequeña verdad”, por lo cual aquella no puede ser válida. Como la idea misma de consistencia lógica surge directamente de las “pequeñas verdades” de la experiencia perceptiva, cualquier teoría que directamente contradiga dicha experiencia no puede ser válida.

En otras palabras, la lógica se origina en los sentidos — por ende la lógica no puede contradecir la evidencia de los sentidos. La evidencia siempre supera a la explicación.

Del mismo modo, cualquier teoría ética válida debe poder explicar y justificar nuestra común repugnancia para con crímenes tales como el asesinato y la violación. No puede razonablemente contradecir las prohibiciones universales de la humanidad; más bien debe incorporarlas y explicarlas con precisión.

No obstante, al igual que la física einsteiniana nos ha proporcionado verdades asombrosas — de hecho, habría resultado escasamente valiosa si esas verdades no hubieran sido sorprendentes — las teorías éticas añaden valor en tanto revelan verdades asombrosas — incluso impactantes. De hecho, las teorías éticas que no proveen este tipo de verdades, meramente confirman las preferencias intuitivas ya existentes, y en consecuencia son de poco valor.

LA DISCIPLINA DE LA ETICA TEORICA

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Cuando hablo de una preferencia universal, me refiero a lo que es objetivamente requerido, o necesario, asumiendo un objetivo determinado. Si yo quiero vivir, no tengo que gustar necesariamente del jazz, sino que debo comer. “Comer” no deja de ser una preferencia personal — no tengo que comer, en el mismo sentido en que tengo que obedecer a la gravedad — pero “comer” es un requerimiento universal, objetivo y vinculante para seguir con vida, ya que se basa en hechos biológicos indiferentes a nuestra voluntad.

Como disciplina, la ética puede ser definida como toda teoría concerniente a la conducta humana preferible, que es universal, objetiva, coherente — y vinculante.

Naturalmente, la conducta preferible sólo puede ser vinculante si el objetivo en cuestión es deseado. Si yo digo que es preferible para los seres humanos ejercitarse y comer bien, no estoy diciendo que los seres humanos no deben sentarse en el sofá y comer papas fritas. Lo que estoy diciendo es que si usted quiere estar sano, debería hacer ejercicio y alimentarse bien.

Como bien señaló Hume, no es posible derivar un “debe” de un “es”. Esto significa que una preferencia universal no puede ser axiomáticamente derivada de la existencia. Es cierto que un hombre sedentario y sobrealimentado será poco saludable. ¿Esto quiere decir que “debe” hacer ejercicio físico y someterse a una dieta balanceada? No. El “debe” está condicionado por una intención. Si él quiere ser saludable, debe ejercitarse y alimentarse bien. Es cierto que si un hombre deja de comer, morirá de inanición — es un hecho, pero no podemos derivar lógicamente de ello un principio vinculante, como “él debe comer”. Si él quiere vivir, entonces debe comer. Esto no lo inferimos directamente de la realidad objetiva, sino de su intención (vivir o morir).

De igual modo, no hay tal cosa como una dirección universalmente “superior” a las demás — todo depende de cuál sea el destino deseado. Si quiero manejar desde San Francisco hasta Nueva York, “debo” dirigirme hacia el este.

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Una conducta existe en la realidad objetiva, fuera de nuestras mentes — los conceptos “debe”, “debería” y “preferencia” no existen fuera de nuestras mentes.

Sin embargo, el hecho de que “debe” no existe en la realidad objetiva no significa que “debe” es completamente subjetivo. Tampoco existen en la realidad el método científico ni los números, y tanto la ciencia en general como las matemáticas en particular constituyen disciplinas objetivas.

ARGUMENTOS QUE SE AUTO-ANIQUILAN

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En general, cualquier teoría que se contradice a sí misma no puede ser válida. No hace falta refutarla, ya que se refuta a sí misma. No necesitamos examinar hasta el último rincón del universo para determinar que un “círculo cuadrado” no existe.

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Si me acerco y le digo: “La verdad no existe”, estoy afirmando algo que a mi entender es verdad mientras proclamo que la verdad no existe. Mi argumento se autodestruye.

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PREFERENCIAS

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Las preferencias son elementos inherentes a toda metodología que se proponga valorar en qué medida una proposición es verdadera. El método científico, por ejemplo, supone una preferencia inherente por la consistencia lógica y la verificación empírica. Para la ciencia, la premisa es: si quiere establecer una verdad referente al comportamiento de la materia y la energía, es preferible que use el método científico.

En este sentido, “preferible” no significa “en cierto modo mejor”, sino “requerido” o “necesario”. Si quiere vivir, es universalmente preferible que se abstenga de ingerir un puñado de arsénico. Si quiere sacar conclusiones válidas acerca de la realidad, es universalmente preferible que sus teorías sean a la vez internamente coherentes y empíricamente verificables. “Universalmente preferible”, entonces, equivale a “objetivamente requerido”, pero conservaremos la palabra “preferible” para diferenciar los absolutos humanos opcionales de absolutos físicos no opcionales como la gravedad.

Asimismo, para que las teorías éticas puedan ser consideradas válidas, deben ser al menos interna y externamente coherentes. En otras palabras, una teoría ética que se contradice a sí misma no puede ser válida — y una teoría ética que contradice la evidencia empírica y las preferencias cuasi-universales tampoco puede ser válida.

Así en ética como en física, biología, ingeniería y todas las disciplinas que contrastan teorías con realidad, las teorías válidas deben ser a la vez lógicamente consistentes y empíricamente verificables.

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PREFERENCIAS Y ARGUMENTOS

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Puesto que es imposible actuar sin apoyarse en una preferencia — implícita o explícita —, cualquier persona que actúa necesariamente acepta la siguiente premisa: “la preferencia existe”. Por lo tanto, es imposible debatir la existencia de preferencias sin aceptar en el acto la existencia de preferencias.

PREFERENCIAS Y UNIVERSALIDAD

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Cuando hablo acerca de preferencias universales, me refiero a lo que la gente debería lógicamente preferir, no a lo que de hecho prefiere (lo que debería lógicamente preferir de acuerdo a las premisas que se siguen de sus intenciones manifiestas, como por ejemplo al “tratar de conocer la verdad”, o de sus actos, como por ejemplo al intentar curar una infección). Para utilizar una analogía científica, con el fin de realmente comprender el universo la gente debería emplear el método científico — esto no significa que siempre lo haga, ya que ciertamente billones de personas apelan a los antiguos cuentos de hadas más que a la ciencia moderna para buscar “respuestas”. No hay forma de aproximarse a la verdad acerca del universo sin la ciencia, pero la gente es perfectamente libre de redefinir “verdad” como “error”, y contentarse con el sinsentido místico en cualquiera de sus variantes.

Asimismo, si un hombre desea curarse de una infección bacteriana, debería tomar antibióticos en lugar de bailar una danza de la lluvia azteca. En tal situación, la preferencia por antibióticos antes que danza de la lluvia es universal, ya que el acto de bailar no cura las infecciones.

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ARGUMENTOS Y UNIVERSALIDAD

Si elijo debatir, he aceptado tácitamente una amplia variedad de premisas dignas de ser examinadas.

1. Ambos existimos

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2. Los sentidos tienen el potencial de percibir correctamente

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3. El lenguaje tiene la capacidad de expresar significado

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4. La rectificación implica preferencias universales

Si usted me corrige a propósito de un error que cometí, está aceptando implícitamente el hecho de que es mejor que yo corrija dicho error. Está aceptando una preferencia (es preferible que yo corrija mi error), y no se trata de una preferencia subjetiva, sino objetiva, y universal.

No me está diciendo: “Debería cambiar su opinión por la mía porque yo lo prefiero”, sino: “Debería corregir su opinión porque es objetivamente incorrecta”. Mi error no surge de un mero desacuerdo con usted, sino como resultado de una desviación respecto a un patrón objetivo de veracidad. Su argumento se basa en el valor objetivo de la verdad — es decir que la verdad es universalmente preferible al error, y que la verdad es universalmente objetiva.

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5. Existe una metodología objetiva que permite distinguir lo cierto de lo falso

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6. La verdad es mejor que la falsedad

Si le digo que la tierra es plana, y usted me contesta que no, que la tierra es redonda, está implícitamente aceptando el siguiente axioma: la verdad y la falsedad existen objetivamente, y la verdad es mejor que la falsedad.

Si le digo que me gusta el helado de chocolate, y usted me dice que le gusta el de vainilla, es imposible “probar” que vainilla es objetivamente mejor que chocolate (hablamos de preferencias subjetivas). Ahora bien, cuando me corrige haciendo referencia a hechos objetivos (la tierra es redonda), está aceptando que los hechos objetivos existen, y que la verdad objetiva es universalmente preferible a el error subjetivo.

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7. Debatir pacíficamente es la mejor forma de resolver conflictos

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Todo debate se apoya en la premisa tácita de que razón, evidencia, verdad y objetividad son los métodos universalmente preferibles para resolver diferencias entre individuos. Sería completamente ilógico argumentar que las diferencias de opinión deben resolverse apelando a la violencia — el único argumento coherente a favor del valor de la violencia es el empleo de la violencia.

(…)

Esta preferencia por la verdad universal no es una preferencia de grado, sino de tipo. Un atajo que reduce el tiempo de conducción a la mitad es el doble de bueno que el camino más largo — pero ambos caminos son infinitamente preferibles a conducir en sentido contrario al destino fijado.

De igual modo, la verdad no es tan solo “mejor” que el error — es infinitamente preferible, o necesaria.

8. Los individuos son responsables de sus actos

Al argumentar que los seres humanos no son responsables de sus actos, incurro en una paradoja: si estoy en lo cierto, entonces no soy responsable de mi argumento, así como usted no es responsable de su respuesta. Pero en tal caso no tiene el menor sentido proponer un argumento — sería equivalente a discutir con un televisor.

(…)

CONDUCTA UNIVERSALMENTE PREFERIBLE (CUP)

[UPB según siglas en inglés]

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CUP Y VALIDEZ

Uno de los desafíos medulares que enfrentan los filósofos modernos es la necesidad de probar que las reglas morales son a la vez posibles y universales. Hasta que las normas morales puedan ser sometidas a la misma lógica y el mismo rigor que se le exige a las proposiciones de cualquier otra índole, seguiremos acorralados por el subjetivismo, los prejuicios políticos y el pragmático “argumento de los efectos”.

La analogía histórica más cercana a nuestra situación actual ocurrió en los siglos XV y XVI, durante el nacimiento del método científico. Los pioneros que abogaron por un enfoque racional y empírico del conocimiento enfrentaron los mismos prejuicios que hoy enfrentamos nosotros, producto de la irracionalidad, los poderes establecidos de la Iglesia y el Estado, los “absolutos” místicos y subjetivos y las barreras educacionales prematuras. Quienes defendieron la primacía de la racionalidad y la observación empírica por sobre el fundamentalismo bíblico y las tiranías seculares enfrentaron la firme oposición de quienes entonces blandían la cruz y la espada. Muchos fueron torturados hasta la muerte por su honestidad intelectual — nosotros nos exponemos, en comparación, a riesgos insignificantes, por lo que deberíamos ser mucho más audaces al tomar partido por lo que es verdad frente a lo que es creído.

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Una regla puede ser válida si existe empíricamente, como la gravedad, o bien porque es cierta, como la ecuación 2 + 2 = 4.

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Las leyes físicas describen el comportamiento de la materia, pero no contienen prescripción alguna. La ciencia demuestra que la materia se comporta de una cierta manera — jamás que debe comportarse de una cierta manera. La teoría de la gravedad prueba que si usted empuja a un hombre a un precipicio, el hombre caerá. No le dirá si debe o no empujarlo.

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Si podemos probar que las teorías éticas pueden ser objetivas, racionales y verificables, estaremos en condiciones de proporcionar a la ética facultades tan prodigiosas como las que derivaron de supeditar las teorías físicas a los principios del método científico.

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Quienes históricamente se vieron favorecidos por la definición de la realidad física como algo subjetivo — mayormente sacerdotes y aristócratas — han luchado sin pausa contra la subordinación de las teorías físicas al método científico, tal como quienes actualmente medran definiendo a la moralidad como subjetiva — mayormente sacerdotes y políticos — luchan contra la subordinación de las teorías éticas a principios objetivos y universales.

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REGLAS MORALES: UNA DEFINICION

Dicho simplemente, la moral es un conjunto de reglas que pretenden representar en forma precisa y coherente las conductas humanas universalmente preferibles, así como la física es un conjunto de reglas que pretenden representar en forma precisa y coherente el comportamiento universal de la materia.

CUP: PRUEBAS

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Si yo argumento en contra de la proposición « “conducta universalmente preferible” es un concepto válido,» ya he mostrado mi preferencia por la verdad sobre la falsedad — además de mi preferencia por corregir a quienes expresan falsedades. Decir que no hay tal cosa como una conducta universalmente preferible es como gritar en el oído de alguien que el sonido no existe — es una contradicción en los propios términos.

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Argumentar en contra de la validez de la conducta universalmente preferible implica la aceptación de una conducta universalmente preferible. Por ende, ningún argumento en contra de la validez de la conducta universalmente preferible puede ser válido.

Todos sabemos que hay preferencias subjetivas, como gustar del jazz o del helado, que no son consideradas vinculantes respecto a otras personas. Hay otro tipo de preferencias, como la violación y el asesinato, que son claramente infligidas a otros. Por otra parte, hay preferencias por la lógica, la verdad y la evidencia, que son vinculantes, por cuanto aceptamos que una proposición ilógica debe ser falsa o inválida.

Aquellas preferencias que se consideran vinculantes (que suponen una obligación) respecto a otras personas pueden ser denominadas “preferencias universales”. Las preferencias universales que son además justamente exigibles, como “respetar el derecho de propiedad”, pueden ser denominadas “reglas morales”. [Ver más adelante “CUP: ¿ETICA O ESTETICA?”]

¿De qué otra forma podemos saber que el concepto de “reglas morales” es válido?

Podemos examinar la cuestión biológicamente tanto como silogísticamente.

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Es imposible que alguien argumente lógicamente contra la conducta universalmente preferible, puesto que si es capaz de argumentar tiene que estar vivo, y si está vivo tiene que haber observado conductas universalmente preferibles para mantenerse con vida, tales como respirar, comer y beber.

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Dado que el método científico requiere verificación empírica, también debemos fijarnos en la realidad para confirmar nuestras hipótesis — y en este plano la validez de la conducta universalmente preferible obtiene pleno sustento.

Todo ser humano en sus cabales cree en normas morales de algún tipo. Hay cierto desacuerdo respecto al contenido de las normas morales, pero todos admiten que el concepto de regla moral es válido — así como muchos científicos disienten, pero todos los científicos aceptan la validez del método científico. Uno puede argumentar que la tierra es redonda y no plana — lo cual es análogo a cambiar la definición de moralidad — pero uno no puede argumentar que la tierra no existe — algo equivalente a argumentar que no hay tal cosa como una conducta universalmente preferible.

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El cuarto argumento es también empírico. Puesto que los seres humanos tienen que tomar decisiones millones de veces en la vida, decir que no hay principios de conducta universalmente preferibles equivale a decir que todas las elecciones son indistintas o igualmente válidas (esto es, subjetivas). Sin embargo no lo son, lógicamente ni empíricamente.

Por ejemplo, si hay alimento disponible, casi todos los seres humanos prefieren comer todos los días. Cuando hace frío, casi todos los seres humanos buscan abrigo. Casi todos los padres eligen alimentar, cobijar y educar a sus hijos. Abundan los ejemplos de elecciones comunes entre los seres humanos, las cuales indican que la conducta universalmente preferible es parte de la naturaleza humana.

Como ha sido mencionado, ninguna teoría física válida puede impugnar el hecho de que los niños son capaces de atrapar pelotas al vuelo — de igual manera, ninguna teoría ética válida puede rechazar la abrumadora evidencia que respalda la aceptación de la CUP.

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Podríamos citar muchos otros argumentos a favor de la existencia y validez de la CUP, pero nos basaremos en lo ya expuesto y pasaremos a examinar la naturaleza de la CUP.

CUP: OPCIONAL Y OBJETIVA

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Ante todo, debemos recordar que la moral es claramente optativa. Todo ser humano está sujeto a la gravedad y tiene que alimentarse para vivir, pero ningún ser humano tiene que actuar moralmente. Si violo, robo o mato no caigo instantáneamente fulminado por un rayo. Las reglas morales, como las clasificaciones biológicas o como el mismo método científico, no son más que formas racionales de organizar los hechos y los principios ligados a la realidad objetiva.

Como el cumplimiento de las normas morales es opcional, muchos pensadores han supuesto erróneamente que la misma moral es algo subjetivo.

Nada más lejos de la verdad.

Los organismos vivos son parte de la realidad material, y la realidad material es racional y objetiva. Aplicar teorías éticas es opcional, pero eso no significa que todas las teorías éticas son subjetivas. El método científico también es opcional, pero no es subjetivo. Aplicar clasificaciones biológicas es opcional, pero la biología no es subjetiva. Las decisiones son opcionales; las consecuencias no lo son. Puedo tomar la decisión de no comer, pero no puedo tomar la decisión de vivir un año sin comer. Puedo tomar la decisión de decapitar a una persona, pero no puedo decidir si esa persona podrá o no vivir sin cabeza. Es opcional, pues, comportarse de acuerdo a ciertas normas morales, pero los efectos de las decisiones morales son objetivos y mensurables.

Ahora bien, dado que la moral es un concepto válido, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿en qué medida o hasta qué punto es válida la moral?

Como ha sido mencionado, la prueba inicial de cualquier teoría científica es la universalidad. Así como una teoría física debe aplicarse a toda la materia, una teoría ética que pretenda identificar las acciones preferibles para la humanidad debe aplicarse a toda la humanidad. Una teoría ética no puede ser válida si alega que actuar de cierta manera está bien en Siria, pero mal en San Francisco. No puede decir que el Individuo A debe hacer X, pero el individuo B nunca debe hacer X. No puede decir que lo que ayer estaba mal hoy está bien — o viceversa. Si lo hace, dicha teoría demuestra ser falsa, y en consecuencia debe ser perfeccionada o descartada.

(…)
Aunque los caballos se definen como animales que tienen, entre otras cualidades, una sola cabeza, ocasionalmente nace un caballo mutante con dos cabezas. De modo similar, los seres humanos generalmente prefieren comer a morir de inanición — exceptuando a los anoréxicos. Estas excepciones no impugnan al conjunto de las ciencias biológicas. Así, puesto que las teorías éticas describen aspectos de la humanidad, y se aplican a la humanidad, no pueden estar sujetas a los mismos requerimientos — al mismo grado de consistencia empírica — que las teorías referentes a la materia inorgánica.

La última prueba que debe superar una teoría ética es el criterio de la observación empírica. Por ejemplo, una teoría ética debe explicar la prevalencia universal de las creencias morales en la humanidad, así como los disímiles resultados de “experimentos” morales tales como el fascismo, el comunismo, el socialismo o el capitalismo. También debe explicar algunos hechos básicos relativos a la sociedad humana, como el hecho de que el poder estatal siempre se incrementa, o que la propaganda oficial tiende a incrementarse a medida que aumenta el poder del Estado. Si no consigue explicar el pasado, ni sirve para comprender el presente y predecir el futuro, entonces debe ser considerada inválida y rechazarse.

CUP: LA PRACTICA

(…)

Dado que todos los seres humanos comparten propiedades físicas y necesidades ligadas a sus cualidades biológicas, no es válido proponer una determinada regla moral para una persona y la regla moral contraria para otra persona — sería como postular una teoría física según la cual ciertas rocas caen para abajo mientras que otras caen para arriba. Además de ser ilógico, niega un hecho observable de la realidad: que los seres humanos, como especie, tienen características fundamentales en común, y por lo tanto no pueden ser sometidos a reglas opuestas. Los biólogos no dudan en clasificar a ciertos organismos como “humanos” al verificar que comparten ciertas características distintivas — únicamente los moralistas parecen hallar imposible semejante nivel de coherencia.

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Puesto que las teorías válidas presuponen consistencia lógica, una teoría ética no puede ser válida si es al mismo tiempo verdadera y falsa.
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Cualquier teoría ética que postule que “robar está bien” es necesariamente errónea, porque plantea que el derecho de propiedad es a la vez válido e inválido, y por ende no pasa la prueba de la consistencia lógica. Podría robarle a usted, convencido de que su derecho de propiedad es inválido; sin embargo, al pretender quedarme con lo robado estaría sosteniendo que mi derecho de propiedad, asimismo, es válido. Pero el derecho de propiedad no puede ser a la vez válido e inválido; luego, la proposición “robar está bien” tiene que ser inválida.

Análogamente, cualquier teoría ética que admita la violación enfrenta una contradicción similar. La violación jamás puede ser moralmente aceptable, ya que todo principio adoptado para legitimarla se contradice automáticamente. Si la violación pretende justificarse apelando al principio de que “obtener placer siempre es algo bueno”, se choca de frente con la prueba de la consistencia lógica, dado que el violador quizás logre “obtener placer”, pero su víctima ciertamente no.

Subordinar las teorías éticas al método científico produce resultados que se ajustan a la racionalidad, a la observación empírica y al sentido común.

(…)

En conclusión, es prudente afirmar que (a) las reglas morales son válidas, y (b) las teorías morales deben ser sometidas a los rigores de la lógica y la evidencia, tal como se procede con las teorías en los ámbitos de la física y la biología. Toda teoría moral basada en principios no universales o auto-contradictorios es ostensiblemente falsa.

CUP: LA METODOLOGIA

CUP puede entonces verse como un encuadre conceptual que sirve para validar teorías o proposiciones éticas — así como el método científico es el marco empleado para validar teorías o proposiciones científicas.

Un ejemplo de proposición moral es: “El inicio del uso de la fuerza es indebido”. CUP es la metodología que permite verificar la coherencia interna de esa proposición, y contrastarla con la observación empírica.

Ante todo, CUP pregunta: ¿es lógica la proposición? Luego pregunta: ¿cuál es la evidencia que respalda la verdad de tal proposición?

(…)

CUP: ¿ETICA O ESTETICA?

En general, emplearemos el término estética para referirnos a preferencias no exigibles — universales o personales — en tanto los términos ética o moral se referirán a preferencias exigibles. Es universalmente preferible (es decir, necesario) utilizar el método científico para validar teorías físicas, pero no podemos usar la fuerza para imponer el método científico a quienes no lo utilizan, dado que no utilizar el método científico no es una acción violenta.

(…)

Aunque nos hemos concentrado en la esfera de la ética, podemos concebir a CUP como un “término paraguas”, que incluye disciplinas tales como:

El método científico

Lógica

Empirismo

Debate

Lenguaje

Ética

La ética es el subconjunto de CUP que se ocupa de la conducta impuesta (el uso de la violencia). Las teorías que justifican o rechazan el uso de la violencia son teorías éticas, y están expuestas a las exigencias de consistencia lógica y evidencia empírica.

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EVASION

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La cuestión de la posibilidad de evitar situaciones es clave para diferenciar a la estética de la ética. La estética se refiere a situaciones que, por desagradables que puedan resultar, no eliminan la capacidad de elegir.

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Por el momento, podemos asumir que cualquier amenaza de iniciar el uso de la fuerza es inmoral, pero la cuestión de la posibilidad de evitar determinadas situaciones — particularmente el grado de evasión requerido para evitarlas — es también importante. En general, una amenaza es más grave cuanto más interfiere en el normal curso de las acciones diarias. Si tengo que volar a otro continente y caminar en frente de su casa para exponerme a la consumación de sus amenazas, no está en juego para mí una actividad precisamente cotidiana. Si usted me advierte que seré violentamente atacado toda vez que transite por el único acceso a mi propia casa, entonces paso a ser víctima de una invasión grosera de mis libertades.

(…)

Esta cuestión de la capacidad para evitar situaciones constituye una de las principales raíces del juicio ético. Una mujer violada en su propia casa por un intruso es la víctima indudable y absoluta de un crimen atroz. Una mujer que es violada luego de bailar desnuda entre desconocidos y caer al suelo completamente borracha presenta un caso más complicado. Claro está, una vez que se inicia, la violación ya no puede ser evitada por la víctima — sin embargo, las situaciones que incrementan significativamente la probabilidad de sufrir una violación sí pueden ser evitadas.

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Para ser justos, debemos poder distinguir entre la condición de un hombre indignado porque le han robado la billetera a punta de pistola, y la de un hombre indignado porque se han llevado la billetera que dejó hace diez días en el banco de una plaza. Ciertamente, las billeteras de ambos han sido robadas, pero no parece justo considerarlos igualmente responsables.

¿Puede el esquema de CUP ayudarnos a entender, clasificar y extender estas pautas morales?

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EL PRINCIPIO DE NO-AGRESION (PNA)

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El PNA es básicamente la proposición de que “el inicio del uso de la fuerza es moralmente ilegítimo”. O bien, para decirlo en términos más afines a esta conversación: “El no-inicio de la fuerza es universalmente preferible”.

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Como vimos antes, CUP es un esquema de “todo o nada”. Si una acción es universalmente preferible, lo será con independencia de consideraciones individuales, geográficas, temporales, etc. Si está mal asesinar en Argelia, pues también está mal asesinar en Bélgica, en Estados Unidos, en el Polo Norte y en la luna. Si está mal asesinar hoy, no puede estar bien asesinar mañana. Si está mal que Pedro asesine, también tiene que estar mal que Juan asesine.

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Una teoría racional válida no puede proponer que resultados opuestos entre sí pueden derivar de las mismas circunstancias. Una teoría científica no puede sostener que una roca debería caer para abajo y otra roca debería caer para arriba. Einstein no argumentó que E=MC² los jueves, pero E=MC³ los viernes, o en Marte, o durante los días de luna llena. La ley de la conservación — que la materia no puede ser creada ni destruida — no es válida sólo cuando usted realmente lo desea, o si usted le paga a una persona influyente para validarla, o cuando un gato negro se cruza en su camino. Las leyes de la física no están sujetas a momento, ubicación geográfica, opinión pública o decreto presidencial.

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ZONAS GRISES

La existencia de ciertas “zonas grises” en el campo de la ética frecuentemente ha sido utilizada para justificar el más completo relativismo. Dado que no es posible definir normas objetivas y precisas para cada una de las situaciones concebibles, a menudo se saca la conclusión de que nada puede realmente saberse, nunca, y que no existen criterios objetivos aplicables a ninguna situación.

Esto es falso.

Toda la gente mínimamente razonable admite que la biología es una ciencia válida, a pesar de que algunos animales nacen con raras mutaciones. Que un perro pueda nacer con cinco patas no significa que la categoría “cánido” pasa a ser completamente subjetiva. Que ciertas especies de insectos sean difíciles de clasificar no significa que no hay diferencia entre un escarabajo y una ballena.

Por algún perverso motivo, la destrucción gratuita de las pautas éticas, normativas y racionales hace las delicias de muchos intelectuales. Acaso porque los intelectuales tan a menudo han sido pagados por individuos de clases corruptas tales como políticos, sacerdotes y reyes — o quizás porque un hombre suele convertirse en intelectual a efectos de justificar su propia conducta inmoral. Cualquiera sea la razón, la mayoría de los pensadores modernos caen en la categoría de “anti-pensadores”, lo cual resulta muy extraño. Es algo equivalente a la existencia de un enorme grupo de “biólogos” entregados de por vida a la tarea de argumentar que la ciencia de la biología no es posible. Si la ciencia de la biología es imposible, convertirse en biólogo tiene tanto sentido como aspirar a convertirse en clérigo siendo ateo.

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La proposición “todo el conocimiento es una zona gris” se auto-refuta, como ya hemos visto, al igual que la proposición “todas las afirmaciones son mentiras”.

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Existen zonas grises, y sabemos que son grises en relación a las zonas que no son grises. El tiempo que los seres humanos pueden aguantar la respiración bajo el agua es una zona gris (“menos versus más”); la cuestión de si los seres humanos pueden o no respirar agua tiene, sin duda, una respuesta en blanco y negro.

LA BESTIA

El examen objetivo de la historia humana parece apuntar indefectiblemente a una cruda realidad: no hay nada más peligroso en el mundo que los sistemas morales falsos. Si nos fijamos en el comunismo, responsable del asesinato de 170 millones de personas, es fácil reconocer cuál es el verdadero peligro para sus víctimas: no precisamente los delincuentes comunes, sino las falsas teorías éticas. Del mismo modo, la Inquisición española no se apoyó en ladrones y carteristas, sino en sacerdotes y torturadores deseosos de salvar almas ajenas.
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A lo largo de la historia humana, una y otra vez comprobamos que los instrumentos más peligrosos en manos de los hombres no son las armas de fuego, ni las bombas, ni los cuchillos, ni los venenos… sino las teorías éticas.
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Cuando nuestros dirigentes nos piden obediencia, nunca es a sí mismos como individuos — aseguran ellos — sino a “el bien” en abstracto. (…) Para los comunistas, el mecanismo abstracto que justifica el poder de los líderes es la clase; para los fascistas es la nación; para los nazis es la raza; para los demócratas es “la voluntad del pueblo”; para los sacerdotes es “la voluntad de Dios”, etc. etc.

Una simple razón explica porqué las clases dominantes invariablemente utilizan teorías éticas para justificar su poder: los seres humanos tienen un ferviente deseo de actuar conforme a lo que creen que es “el bien”. Si el servicio a la Patria puede ser definido como “lo bueno”, tal servicio será inevitablemente prestado. Si la obediencia a las autoridades militares puede ser definida como “virtud” y “valor”, esa forma particularmente violenta de esclavitud será glorificada y practicada.

PROPAGANDA

Cuanto más falsa es la teoría ética, más precozmente debe ser infligida a los niños. No vemos a las personas de mentalidad científica enviando a sus hijos a “escuela de lógica” desde la tierna edad de tres o cuatro años. No vemos a los hijos de los defensores del libre mercado siendo enviados a un “Campamento de Capitalismo” a los cinco años de edad, ni a los hijos de los filósofos a un “Parque Temático de Empirismo Racional” — para ser adoctrinados en el valor de confiar en sus propios sentidos y usar sus propias mentes.

No, sólo las teorías éticas corruptas, contradictorias y nocivas tienen que ser impuestas a los niños, seres naturalmente dependientes y mentalmente indefensos. Los jesuitas acuñaron el siguiente proverbio: “Dadme un niño de hasta nueve años y será mío para toda la vida”, pero eso se debe a que los jesuitas enseñaban supersticiones, vale decir mentiras destructivas.
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Cualquier especialista en ética centrado en la simple delincuencia, y no en los crímenes institucionales respaldados por las teorías éticas, está escandalosamente desorientado, y guiando a la humanidad hacia el matadero.
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Los delincuentes comunes existen, por supuesto, pero casi no tienen impacto en nuestras vidas en comparación con quienes nos gobiernan sobre la base de falsas teorías éticas.

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Si, en efecto, de las teorías éticas falsas derivan los mayores peligros para la humanidad, entonces nuestra más alta prioridad tiene que ser el descubrimiento, la comunicación y el refinamiento de una teoría ética válida — racional y empíricamente.
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*** SEGUNDA PARTE: APLICACION ***

CATEGORIAS ETICAS

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Idealmente, deberíamos ser capaces de manejar sólo dos categorías — universalmente preferible y estéticamente positivo —, definiendo a nuestras proposiciones éticas de tal modo que lo universalmente inadmisible sea una simple imagen especular de lo que es universalmente preferible, y descartando tanto a las meras preferencias personales como a las acciones neutrales debido a su irrelevancia para la discusión ética.

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Desde el punto de vista moral, si lo prohibido no es más que lo opuesto a lo universalmente preferible, no necesitamos categorías adicionales.

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LA VIRTUD Y SU OPUESTO

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Cada acción moralmente preferible supone por su naturaleza una acción opuesta — porque de lo contrario quedaría excluida la capacidad de elegir, así como la posibilidad de evitar, y en consecuencia el potencial para la virtud o el vicio. Si propusiera la siguiente norma moral: “has de desafiar a la gravedad”, actuar moralmente se tornaría imposible, puesto que la inmoralidad no podría ser evitada; por lo tanto esa norma moral debe ser inválida.

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LO QUE FALTA

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La razón por la cual virtudes tradicionales tales como el coraje, la honestidad y la integridad no pueden situarse en la categoría de lo universalmente preferible es que el marco de la CUP se refiere sólo a comportamientos, no a pensamientos, actitudes, emociones o estados de ánimo. El método científico puede procesar una proposición lógica; no puede procesar “ira” o “temeridad”. Los estados de ánimo no son irrelevantes, por supuesto — de hecho, son fundamentales — pero no pueden formar parte de un sistema objetivo para la evaluación de proposiciones éticas, ya que son esencialmente subjetivos — y por lo tanto indemostrables.

Así, CUP sólo puede tratar con acciones objetivamente verificables, como por ejemplo el robo y el asesinato.

PRIMER TEST: VIOLACION

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EL BIEN

Imaginemos que estamos revisando una teoría ética que proclama que la violación es un bien moral.

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Si es moralmente loable ser un violador, y uno sólo puede ser un violador agrediendo sexualmente a su víctima, entonces debe ser legítimo para la víctima resistir el ataque sexual — ya que si no se resiste, no se trata en realidad de una violación y, por lo tanto, de un acto virtuoso de acuerdo a la teoría en estudio. En otras palabras, la virtud sólo es posible atacando a la virtud. De este modo, caemos en una paradoja ineludible: la virtud no sólo está vedada para la víctima (si violar está bien, no violar está necesariamente mal), sino que además la víctima debe resistirse, atacando a la “virtud”, para que la “virtud” exista.

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CAPACIDAD

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Podemos decir que cuando la capacidad de elección está ausente, o es inaplicable, la moral también está ausente, o es inaplicable. Así, aunque las acciones de un hombre en estado de coma no pueden ser consideradas malas, tampoco pueden ser consideradas buenas. Él existe en un estado que le impide tomar decisiones deliberadas, como un infante o un animal — por eso puede ser con razón exceptuado de las normas morales, ya que su condición, físicamente objetivable, lo diferencia de un hombre que puede elegir, cuyos actos pueden ser evaluados en el marco de CUP.

Con eso en mente, sigamos examinando la violación.

ESTETICAMENTE POSITIVO

Las acciones estéticamente positivas (AEPs) son universalmente preferibles, pero no son exigibles por medio de la violencia, dado que las acciones estéticamente negativas no inician el uso de la fuerza. Si no llego puntualmente a una cita con usted, no estoy por eso iniciando el uso de la fuerza en su contra, y no le estoy quitando su capacidad de elegir, o de evitar la situación.

Si decimos que las AEPs pueden ser impuestas a través de la violencia, estamos diciendo que el inicio de la fuerza es un bien moral.

Si proponemos como regla que el inicio de la fuerza es moralmente aceptable, enfrentamos todas las mismas imposibilidades lógicas que derivan de proponer que “la violación es moralmente aceptable”.

Una AEP es una regla no coercitiva que puede ser racionalmente aplicada a ambas partes al mismo tiempo.

Por ejemplo, si mi AEP es: “ser puntual”, esta puede ser una pauta universal y a la vez puede ser totalmente rehusada. Yo no puedo infligirle esta AEP a usted por la fuerza, porque usted no tiene que ser mi amigo, usted no tiene que llegar puntualmente, usted no tiene que respetar o seguir mis preferencias. (Un asalto físico elimina o procura eliminar mi capacidad de elección; en cambio usted no elimina mi capacidad de elección por no adherir a mi AEP).

Si “llegar puntualmente” es una AEP, entonces es posible que dos personas lo consigan al mismo tiempo — llegando ambos puntualmente.

En cambio, como ya hemos visto, es imposible que dos personas se violen mutuamente. Uno siempre debe ser el violador, y el otro siempre la víctima.

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Puesto que las AEPs no son exigibles a través de la violencia — no se puede legítimamente matar a un hombre por haber llegado tarde — la violación no puede ser una AEP, ya que por definición se impone mediante la violencia.

Así, la violación no puede caer en la categoría de AEPs.

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ESTETICAMENTE NEGATIVO

Tal vez la violación sea una acción estéticamente negativa, como “llegar tarde”. Sin embargo, las acciones estéticamente negativas (AENs) lógicamente no pueden ser impuestas por la fuerza, dado que por definición éstas pueden ser evitadas. Como nada me impide interrumpir mi relación con un hombre que siempre llega tarde a las citas, nada justificaría matarlo por haber llegado tarde.

Pero la violación, por definición, no puede ser evitada, ya que es un ataque sexual impuesto mediante la violencia. Por otra parte, si decido interrumpir mi amistad con el hombre impuntual, este no puede en justicia obligarme a ser su amigo por medio del uso de la fuerza, ya que se basaría en el principio de que las meras preferencias personales pueden imponerse a los demás, habilitándome así a imponerle mi deseo de renunciar a su amistad.

(…)

EL MAL

Si la violación se define como un mal, entonces debe implicar el inicio del uso de la fuerza, y efectivamente así es. Además, la proposición: “la violación es un mal” pasa la prueba del estado de coma, por cuanto un hombre en estado de coma no puede cometer una violación.

Asimismo, si violar está mal, entonces no violar tiene que estar bien — de esta manera, dos hombres en un cuarto pueden ser morales al mismo tiempo, simplemente absteniéndose de violar al otro.

Como la posibilidad de evitar es uno de los factores clave para diferenciar lo “desagradable” de lo “inmoral”, y la violación es un comportamiento que lógicamente la víctima no puede evitar (caso contrario no hay violación en curso), al definir a la violación como un mal también se observa esta importante distinción.

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El violador podría justificar sus acciones eludiendo la proposición “violar está bien”, y apelando en cambio a una proposición que respalde su deseo de violar, como por ejemplo: “obtener placer es moralmente válido, a despecho del displacer ocasionado a terceros”.

Esta proposición sucumbe ante la prueba lógica más básica de la CUP. Si Bob cree que él debería poder violar a Doug con el propósito de obtener placer — más allá del displacer infligido a Doug — Bob no podrá elevar su preferencia racionalmente a CUP.

(…)
Si todo el mundo debe poder obtener placer a despecho del displacer ocasionado a terceros, entonces no hay razón válida para dar prioridad a la preferencia de Bob (violar a Doug) sobre la preferencia de Doug de no ser violado, más allá del displacer que negarse a ser violado le causaría a Bob.

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Por supuesto, no muchos violadores están interesados en la filosofía, pero como dijimos antes, el principal peligro para los seres humanos no es el delincuente individual, sino las teorías éticas irracionales.
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Parecería entonces quedar para la violación una única posibilidad lógica: que no violar es una conducta universalmente preferible — o que violar es una conducta universalmente inadmisible.

(…)

El marco de CUP ha validado correctamente nuestra premisa moral, confirmando que la violación es un mal. Este es un criterio necesario — aunque no suficiente — de prueba, que por cierto justifica la investigación ulterior.
Así pues, continuemos…

SEGUNDO TEST: ASESINATO

Probemos ahora el marco de CUP frente a proposiciones morales relacionadas con el asesinato, definido como matar deliberadamente y con premeditación, no en defensa propia.

Como hemos pasado tanto tiempo desmenuzando la cuestión de la violación — y dado que muchos de los argumentos también se aplican aquí — podemos resumir el presente análisis.

(…)

La moralidad, como la salud, no puede ser considerada una mera “instantánea”: es un proceso, o un continuum. El marco de CUP confirma que Bob no puede ser “malvado” mientras está estrangulando a Doug, y luego alcanzar la cima de la virtud moral en el preciso momento en que mata a Doug — para luego recuperar inmediatamente su condición de “malvado”.

(…)
En relación con el asesinato, la única teoría ética válida posible es que este es un mal, o que es universalmente inadmisible.

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Pasemos ahora a la cuestión del robo. Si este marco también resulta ser válido, habremos acertado a la trifecta de nuestra comprensión moral instintiva, y hallado confirmación racional para nuestras creencias ya existentes. Habremos descubierto las matemáticas que explican cómo somos capaces de atrapar instintivamente una pelota, y ese es un primer paso necesario.

TERCER TEST: ROBO

(…)

CUP es un marco empleado para la evaluación de proposiciones morales, o argumentos sobre el comportamiento universalmente preferible para toda la humanidad. En primer lugar, un hombre debe ser responsable de sus propias acciones si éstas han de ser juzgadas moralmente. Como ya hemos argumentado, la capacidad de elegir los propios actos es fundamental para cualquier valoración ética.

Si un hombre no tiene control sobre su cuerpo, entonces queda claro que no tiene responsabilidad alguna por sus acciones — en realidad no correspondería hablar de “sus” acciones, sino más bien de las acciones de su cuerpo. Ahora bien, nadie podría argumentar racionalmente que si un hombre estrangula a otro hombre, son los dedos asesinos los que deberían ser llevados a juicio y castigados. Evidentemente, el cuerpo debe encontrarse, hasta cierto punto, bajo la dirección de la mente consciente.

(…)

Si yo digo: “Los hombres no son responsables de las acciones de sus cuerpos”, sería muy justo que usted me preguntara quién está utilizando entonces mis cuerdas vocales y mi boca. Si digo que no tengo control sobre mi discurso — el cual es un efecto del cuerpo — entonces habré “sostenido” mi tesis a costa de invalidarla por completo.

Si yo no soy en absoluto responsable de mi discurso, entonces no tiene sentido discutir conmigo. Una grabadora de audio tampoco es responsable de su discurso, y es precisamente por eso que no solemos involucrarnos en ásperas discusiones con bandas magnéticas.

(…)

Así, el acto mismo de controlar mi cuerpo para producir un discurso conlleva la aceptación de mi capacidad para controlar mi discurso — una forma implícita de afirmar mi propiedad sobre mi cuerpo.

(…)

Luego, rechazar la propiedad del cuerpo equivale a rechazar toda moral, lo cual, como ya hemos visto, es absurdo. Lógicamente, dado que la moral se define como un subconjunto exigible de CUP, quien rechaza la moral está diciendo que es universalmente preferible creer que no existe lo universalmente preferible.

(…)

Dado que somos dueños de nuestros propios cuerpos, también lo somos, inevitablemente, de los efectos de nuestras acciones, sean estas buenas o malas. Si somos dueños de los efectos de nuestras acciones, es evidente que somos dueños de lo que producimos, sea esto un arco, un libro — o un asesinato.

PROPIEDAD Y CUP

(…)

Es prudente sostener que la persona que está debatiendo con usted acerca de los derechos de propiedad está respirando, y en consecuencia que está de acuerdo con usted, al menos, en que tiene derecho a usar su propio cuerpo.

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Si la auto-propiedad exclusiva no es un axioma, entonces incluso el delito de asesinato pierde su significado.

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Si me está fallando el hígado, y tengo derecho a tomar su hígado, entonces podría tratar de “recuperar” ese órgano en perfecta congruencia con la moral y la conducta honorable. ¿Y qué si este procedimiento a usted lo mata? Para empezar, sin auto-propiedad exclusiva no hay “usted”…

Así, es razonable decir que la auto-propiedad exclusiva es una realidad básica — que todos los seres humanos, en todo momento y en todo lugar, tienen propiedad exclusiva sobre sus propios cuerpos y sobre los efectos de sus propios cuerpos, tanto en términos de conducta moral como de creación o adquisición de bienes.

LAS ZONAS GRISES

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En aras de la eficiencia, que no de la perfección moral, a menudo se fijan transiciones arbitrarias entre un estado y otro.

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Si decimos que a partir de un cociente intelectual de 80 un hombre pasa a ser responsable, por definición estamos diciendo que un hombre con un CI de 79 no es responsable — ¿es esta una delimitación clara, justa y completamente objetiva? Evidentemente no, pero la mayoría de los conceptos, para ser prácticos, deben valerse del criterio de lo “suficientemente bueno” y de un análisis razonable de costo/beneficio. No hay agua perfectamente pura; quien demande perfecta pureza simplemente morirá de sed.

Dado que la cuestión de la responsabilidad moral según la capacidad intelectual sólo se refiere a un porcentaje muy pequeño de personas que están situadas justo en el límite, y que muy probablemente no sea posible desarrollar pruebas objetivas para demarcar ese límite a la perfección, es necesario apelar a ciertas “reglas generales”. Parece razonable confiar en que, si los biólogos conviven día tras día con esta forma inevitable de subjetivismo, los filósofos morales también tienen que poder, de alguna manera, ingeniárselas para sobrevivir.

PROPIEDAD COMO UNIVERSALIDAD

(…)

Momentáneamente pasemos por alto el problema de “la posesión del 50% del propio cuerpo”, obviando la pregunta inevitable: ¿quién sería responsable por los actos del 50% restante del cuerpo?, y supongamos que los seres humanos sólo son propietarios del 50% de lo suyo cuando se trata de objetos externos.

¿Cómo funciona eso en la práctica?

Bueno, si yo tengo dos cortadoras de césped y usted no tiene ninguna, sería lógico que usted tenga derecho a tomar una de mis cortadoras de césped, dado que sólo puedo ser dueño de la mitad de mi colección de cortadoras de césped.

Sin embargo, al tomar posesión de una de mis cortadoras de césped, usted lamentablemente sólo está autorizado a poseer la mitad de dicha cortadora de césped, ya que sólo tenemos derecho al 50% de la propiedad sobre los objetos externos. Así, usted debe encontrar inmediatamente a alguien con quien pueda compartir la cortadora de césped. Esto restringe su “justo” dominio a un 25%. Sin embargo, su nuevo co-propietario no puede tener derecho al 25% de la cortadora de césped, porque sólo tiene el 50% de los derechos respecto a cualquier propiedad que posee — luego, él debe encontrar a alguien que tome el 50% del 25% de la cortadora de césped que está en su poder — y así sucesivamente.

El problema con cualquier teoría que aboga por derechos de propiedad inferiores a 100% es que instantáneamente crea un “efecto dominó” de regresión infinita, en el que todos acaban con derechos de propiedad infinitamente pequeños sobre casi todo, lo que es claramente imposible.

(…)
No necesitamos una teoría de homesteading (asentamiento original), u otros planteos de “reciente adquisición”, para justificar los derechos de propiedad — los derechos de propiedad están justificados por quienquiera que actúe — haga lo que haga, incluyendo argumentar —, porque al actuar está ejerciendo axiomáticamente el control sobre el 100% de su propio cuerpo.

Así, combinando esta realidad axiomática con CUP, podemos fácilmente comprender que, si el que debate acerca de los derechos de propiedad está ejerciendo control sobre el 100% de su propiedad, tan sólo resta preguntar si los derechos de propiedad varían o no de individuo en individuo — una cuestión definitivamente resuelta por el hecho axiomático de la auto-propiedad, así como por el marco de CUP. Cualquier proposición moral debe ser universal y coherente, y es así como también sabemos que toda persona tiene (100%) derechos de propiedad.

Cualquier alternativa es lógica y empíricamente imposible.

EL ROBO A PRUEBA

(…)

Si los derechos de propiedad no son válidos, el robo es un acto completamente ilógico, ya que implica la reivindicación del deseo de controlar la propiedad.

Los mismos derechos de propiedad no son más que la afirmación de un legítimo afán de mantener el control sobre determinados bienes.
(…)

Si Doug roba el encendedor de Bob, es porque Doug desea tener el control sobre el encendedor. Si Doug roba el encendedor de Bob porque considera que los derechos de propiedad no son válidos, en realidad lo que está diciendo es: “Quiero tener el control sobre el encendedor de Bob porque nunca es válido tener el control sobre un objeto”.

(…)
En otras palabras, el robo es tanto una afirmación como una negación de los derechos de propiedad. Por lo tanto, cualquier teoría moral que admite el robo necesariamente afirma y niega al mismo tiempo la existencia de los derechos de propiedad — una contradicción infranqueable que invalida por completo cualquier teoría de este tipo.

Si nos fijamos en los aspectos morales del comunismo, por ejemplo, los derechos de propiedad son explícitamente negados al individuo. Sin embargo, aquellos individuos que se hacen llamar “el Gobierno” reivindican el derecho a controlar la propiedad. Lo que esto significa en la práctica es que es malo para algunos hombres controlar la propiedad, pero es bueno para otros hombres controlar la propiedad. Puesto que no hay distinción biológica, en términos de especie, entre gobernantes y gobernados, podemos ver claramente que, para miembros de la misma especie, tenemos aquí normas morales totalmente opuestas, lo que no puede ser válido. CUP expresamente requiere que las reglas morales sean coherentes para todos los hombres, en todos los lugares y en todo momento — afirmar que el ejercicio de los derechos de propiedad es inmoral para Iván Denisovich, aunque perfectamente compatible con la moral para Joseph Stalin, crea una contradicción flagrante; algo equivalente a decir que vertiendo agua en una piscina esta se llena y se vacía al mismo tiempo. Cualquier físico que sostuviera esto último pasaría a ser el hazmerreír de su profesión — los moralistas, en cambio, a menudo proponen lo anterior y son recibidos con asombrosos niveles de respeto.

EL CUARTO TEST: FRAUDE

Justo en el límite de lo que generalmente se considera ético yace el desafío del fraude.
El fraude es la obtención de valor a través del engaño.

(…)
Es evidente que el principio de que “el fraude es bueno” no puede ser llevado a la práctica simultáneamente por Doug y por Bob — dado que para cometer fraude, Doug debe actuar de manera deshonesta, mientras que Bob debe actuar honestamente. Así, para que la acción “moral” de Doug tenga lugar, Bob tiene que actuar “inmoralmente”.

CUP destruye esta posibilidad, ya que ninguna teoría moral válida puede requerir acciones opuestas en las mismas circunstancias.

(…)

Así es como sabemos que está mal cometer fraude.

Una vez más, saber que está mal cometer fraude es igual a saber que cualquier teoría moral que justifica el fraude no es válida, porque se contradice a sí misma. Si construimos un puente, y el puente se cae, sabemos que el puente “estaba mal” — pero lo más importante que podemos aprender de este desastre no es que el puente se cayó, sino las deficiencias teóricas a causa de las cuales el puente se cayó. Del mismo modo, es importante que las teorías morales que producen desastres, como el comunismo, el fascismo y el nazismo, sean evaluadas en relación a CUP, no sólo para que podamos entender cómo es que resultaron tan mal, sino también cómo corregir nuestras teorías morales en el futuro.

(…)
Puedo ir detrás de usted y estrangularlo de improviso, sin participación alguna de su parte, pero no puedo defraudarlo a menos que usted, en alguna medida, participe.

Así, el fraude cae bajo el paraguas de lo evitable, es decir que está en una categoría fundamentalmente diferente a la que reúne violación, asesinato y robo. Sin embargo, la medida en que un determinado fraude puede ser evitado condiciona su grado de inmoralidad. Enviar su información bancaria personal a un spammer de correo electrónico nigeriano es, por cierto, evitable; ser engañado por una empresa de eBay con una calificación perfecta es algo mucho más difícil de evitar.

EL QUINTO TEST: MENTIRA

(…)

Naturalmente, cualquier teoría moral según la cual “mentir está bien” se auto-refuta de inmediato, ya que si el hombre que la propone miente al hacerlo — lo que está bien de acuerdo a su teoría — de ello se desprende, a la vez, que mentir está mal.

La mentira, sin embargo, no supone el inicio de la fuerza, de modo que no excluye la posibilidad de ser evitada. Como los mentirosos pueden ser evitados, lógicamente no pueden ser agredidos en respuesta a sus mentiras.

(…)

Podríamos justificar el acto de mentirle a un mentiroso, al igual que justificamos un golpe asestado para defenderse de un golpe, pero responder a una persona impuntual llegando aún más tarde nos parece una actitud poco respetable, por no decir mezquina.

La diferencia es que “llegar tarde” no es tan activamente destructivo como mentir. El impuntual nos resulta molesto, pero no socava en lo fundamental nuestra capacidad para procesar la realidad. Una cosa es que yo me presente una hora más tarde a la reunión de las 7am — otra muy distinta es que intente convencerlo de que la reunión había sido programada en realidad para las 8am, cuando sé que no es verdad.

Atacar su confianza en su propia mente es mucho más grave que simplemente hacerlo esperar, pues implica la utilización de su confianza en otro para minar su confianza en usted mismo. Utilizar un valor para socavar un valor es algo particularmente corrupto — es la definición misma de falsificar.

Así es como CUP refuta la proposición “mentir está bien”, y confirma que mentir es peor que “llegar tarde”, pero mejor que agredir físicamente.

MAS DESAFIOS PARA CUP

(…)
Al incluir el criterio de evitabilidad en nuestro análisis, hemos facilitado la distinción entre delitos que no pueden evitarse y delitos que, para cometerse, deben ser habilitados mediante una acción positiva, como el fraude. Además, hemos dividido la “conducta preferible” en tres categorías principales — universal, estética y neutral (y sus opuestos correspondientes). El conjunto de las acciones universalmente prohibidas incluye violación, asesinato y robo, todas las cuales pueden ser impedidas en justicia recurriendo al uso de la fuerza. El conjunto de las acciones estéticamente preferibles incluye cortesía, puntualidad, etc., las cuales no pueden lícitamente imponerse mediante la violencia. Las acciones neutrales incluyen a las que derivan de preferencias meramente subjetivas, y en general a todas las acciones que no poseen contenido moral, como tomar un autobús.

(…)

LEGITIMA DEFENSA

(…)

Si decimos que apelar al uso de la violencia está mal, necesariamente abrimos la posibilidad a la defensa propia. Si “la violencia es moralmente inválida” (enunciado compatible con CUP), y lo que es moralmente inválido se puede prevenir mediante la violencia, entonces el empleo de la violencia para oponerse a la violencia es moralmente válido.

Por lo tanto, como sabemos que la violencia es un mal, también sabemos que podemos utilizar la fuerza para oponerle resistencia. Si definimos a una acción como inaceptable moralmente, pero a la vez impedimos que se actúe contra ella, nuestros juicios morales pasan a ser meros comentarios arqueológicos. Algo semejante a una teoría médica según la cual la enfermedad es un mal que no se debe intentar prevenir o curar.

(…)

La defensa propia es el uso de la violencia para impedir la violencia. Si defenderse de la violencia está siempre mal, entonces la defensa propia no puede ser “infligida” a un atacante. Sin embargo, las preferencias que no pueden imponerse a los demás caen en la categoría de AEP o de acción moralmente neutra. Y ubicar en estas categorías a la violencia ejercida en defensa propia equivale a decir que la violencia no puede infligirse a otros — cuando la naturaleza misma de la violencia es que se inflige a otros. Semejante perspectiva sólo puede engendrar un sinfín de contradicciones.

(…)

Si el inicio de la fuerza es un mal, entonces puede ser prohibido haciendo uso de la fuerza, dado que una definición correcta del mal, en la que ya hemos trabajado, es precisamente ésa (“lo que puede ser en justicia prohibido haciendo uso de la fuerza”).

CRIANZA

(…)

Si yo dirijo un hogar de ancianos, y estoy a cargo de pacientes que son incapaces de alimentarse por sí mismos, en caso de no alimentarlos pasaría a ser el responsable de sus muertes por inanición. Nadie me obliga a encargarme de ese tipo de pacientes, pero una vez expresado el deseo y la voluntad de cuidarlos, yo me convierto en responsable de su bienestar.

(…)

Se supone que los padres alimentarán y cuidarán a su bebé recién nacido. Caso contrario, están obligados a entregar al bebé a quienes efectivamente se encarguen de él, si no quieren ser acusados de asesinato, así como el director de un hogar para discapacitados debe alimentar a quienes dependen totalmente de él, o bien asegurarse de que otros lo hagan.

(…)

Dado que los niños no pueden alimentarse por sí mismos, ganarse la vida o vivir de forma independiente, son el equivalente moral de las víctimas de secuestro.
(…)

Si tenemos por cierto nuestro derecho a actuar en legítima defensa — propia o de cualquier otra persona, muy especialmente cuando esa persona no es capaz de actuar en su propia defensa —, tiene que ser perfectamente válido apelar al uso de la fuerza contra los padres que no alimentan a sus hijos.

(…)

Cuanto menor es la capacidad de un individuo para eludir su condición de víctima, peor es el crimen cometido contra él. Los niños, por ende, son las víctimas por excelencia, ya que nunca han tenido la oportunidad de evitar las situaciones en las que se encuentran.

Utilizando el marco de CUP, podemos establecer lógicamente la responsabilidad de los padres para con sus hijos. Como toda persona es responsable de los efectos de su cuerpo, y los niños son un efecto del cuerpo, los padres son responsables de sus hijos. Como toda persona tiene derecho a defenderse, y a actuar en legítima defensa de otros — puesto que la defensa propia es un derecho universal — cualquier persona puede actuar para defender a los niños. Como toda persona debe cumplir con sus obligaciones voluntarias, y tener hijos es una obligación voluntaria, los padres deben cumplir con las obligaciones relativas a sus hijos. Como provocar, mediante la omisión de los deberes voluntariamente asumidos, la muerte de alguien que depende de uno por completo es equivalente a asesinarlo, los padres son eventualmente imputables de asesinato.

(…)

*** TERCERA PARTE: PRACTICA ***

EL VALOR DE LA CONDUCTA UNIVERSALMENTE PREFERIBLE

Una nueva teoría es de muy escaso valor si tan sólo viene a remarcarnos lo que ya es obvio para nosotros. Si la física sólo proporcionara una descripción exacta de cómo atrapamos una pelota, la física no sería una disciplina muy provechosa, justamente porque ya podemos atrapar una pelota. Descubrir que el mundo es redondo sólo ayuda en la navegación de larga distancia — no sirve para guiarnos hasta el centro de la ciudad.
(…)

De la misma manera, el marco de CUP, y las normas morales que este valida o rechaza, deberían, idealmente, aportar agudas revelaciones acerca del mundo en que vivimos y la forma en que nos relacionamos.

Si CUP se limitara a demostrar que la violación, el asesinato y el robo son actos inmorales, no aportaría mucho valor, pues casi nadie cree que violar, asesinar o robar es moralmente aceptable.

Apliquemos entonces este marco al mundo en que vivimos.

EL “REINO DEL REVES”

Al comienzo de este libro, propuse una forma de ver el modo en que procesamos la verdad, haciendo una analogía con la física. Desde la “pequeña verdad” de la captura de una pelota, llegamos a las “grandes verdades” de la física — y las grandes verdades no pueden contradecir a las pequeñas verdades.

Lo mismo puede decirse de la moral. Desde la pequeña verdad de “no debo asesinar” podemos llegar a grandes verdades, tales como “el inicio del uso de la fuerza es moralmente erróneo”.

(…)

FANATISMO

(…)

“La verdad” es independiente del deseo, ya que el deseo es, por definición, una preferencia subjetiva, y la verdad es, por definición, la conformidad de las ideas a las reglas objetivas de la lógica y la realidad empírica. Sostener que algo es verdad porque usted quiere que sea verdad es igualar subjetividad con objetividad. El enunciado se contradice a sí mismo.

Las afirmaciones basadas en el fanatismo — o “la fe” — son incontrastables por definición, ya que no suponen una convicción en ausencia de pruebas que la respalden, sino una convicción en abierto desafío a la razón y/o la evidencia.

Es posible creer en cosas no demostradas que luego resultan ciertas — alguien, sin duda, ya había pensado que el mundo era redondo antes de que esto fuera comprobado — pero gracias al “reino del revés” podemos aferrarnos a creencias en cosas que no podrían llegar a ser ciertas.

Si digo que dos más dos es igual a cinco, estoy cometiendo un error que puede corregirse apelando a la lógica. Si digo que creo en la existencia de un círculo cuadrado, estoy expresando un enunciado contradictorio en sus propios términos, que se auto-refuta. Si voy aún más allá y afirmo solemnemente que “foo más tury es igual a desty” — negándome a definir esos términos — estoy expresando un enunciado al que no es posible aplicar la lógica y la evidencia.

PROXIMA PARADA: EL “UNIVERSO ANTERNATIVO”

(…)

Si yo digo: “Existe un círculo cuadrado”, estoy afirmando algo que es claramente imposible dentro de este universo. Por lo tanto, si deseo mantener mi creencia tengo que inventar algún otro universo, un reino “afuera” de este mundo en donde un círculo cuadrado sí pueda existir.

(…)

Si en algún momento resulta que logramos interactuar con este reino del revés, entonces tendremos una prueba directa, sensorial o racional, de su existencia. En otras palabras, este debe “protruir” hacia nuestro universo de alguna manera. Sin embargo, para ser detectable en nuestro universo, debe tener una existencia empírica y racional, como todo aquello que podemos detectar. En consecuencia, estas “protrusiones” de otro mundo no pueden crear la capacidad en nuestro universo de admitir lógicamente la existencia de un círculo cuadrado. Si de algún modo llegáramos a detectar a ese otro universo, la evidencia reunida impugnaría en el acto la existencia de conceptos auto-contradictorios. Decir que dioses y otros conceptos auto-contradictorios pueden esconderse en otro universo tiene tanto sentido como decir que pueden hallarse en los sueños húmedos de los duendes.

Si en cambio resulta que somos constitucionalmente incapaces de detectar ese “universo alternativo”, el cual permanece como una entidad completamente teórica, sin fundamento racional o empírico alguno, entonces “universo alternativo” no es más que una bolsa conceptual creada para guardar cosas que obviamente no son ciertas.

EXISTENCIA VERSUS NO-EXISTENCIA

Definimos como “no-existente” a lo que no posee masa o energía, ni muestra efectos vinculables a masa o energía.

Dios no posee masa ni energía, ni evidencia los efectos de masa o energía — Dios, de hecho, no es en modo alguno detectable o demostrable, ya sea a través de los sentidos o por medio de la racionalidad.

Entonces cuando alguien dice: “Dios existe”, lo que está diciendo en realidad es:

“Lo que existe debe ser detectable; Dios no puede ser detectable, pero Dios existe — por lo tanto lo que no existe, existe”.

(…)

Por supuesto, la gente no crea este “universo alternativo” con el fin de invalidar la verdad dentro de nuestro universo, sino para rescatar de él a determinados errores, y llamarlos verdades.
(…)

Si las afirmaciones válidas acerca de la realidad pueden ser infinitamente cuestionadas porque un reino imaginario llamado “error es igual a verdad” las invalida, entonces lo que realmente se está diciendo es: “ninguna afirmación positiva respecto a la verdad puede ser válida” — sin embargo, a esta altura tenemos la suficiente perspicacia filosófica como para advertir que esta misma afirmación es auto-contradictoria, ya que es una afirmación positiva considerada cierta según la cual ninguna afirmación positiva puede ser cierta.

(…)

EL “UNIVERSO ALTERNATIVO” EN LA SOCIEDAD HUMANA

El motivo por el cual hemos pasado tanto tiempo lidiando con esta teoría del “universo alternativo” es que frecuentemente es utilizada para “justificar” los mayores males que se cometen entre nosotros.

(…)

Los saltos más grandes en el conocimiento científico son impulsados por las llamadas “teorías unificadas”.
(…)

El marco de CUP no sólo justifica nuestros instintos morales a nivel personal, filosófico y universal — además tiene vastas y profundas implicancias para la sociedad humana.

CUP EN ACCION

El marco de CUP valida proposiciones morales exigiendo que sean internamente coherentes y universales en términos de tiempo, lugar e individuos.

(…)

Esto significa que un hombre no puede cambiar su naturaleza moral junto con su ropa. El acto de cambiar de vestuario no modifica la naturaleza fundamental de un individuo. Por lo tanto, la validez o invalidez de un par de normas morales antagónicas no puede depender de la ropa que uno lleva puesta.

Los soldados, por ejemplo, visten diferente del ciudadano medio. El ciudadano medio tiene prohibido asesinar; los soldados, sin embargo, no sólo tienen permitido asesinar, sino que son moralmente elogiados por asesinar.

Tomemos otro ejemplo.

Como ya hemos visto, el robo es moralmente indefendible. Lo es para todas las personas en todas las situaciones en todo momento y bajo cualquier circunstancia.

Dado que el robo es la sustracción forzosa de la propiedad de una persona, cobrar impuestos es universalmente, y siempre será, un mal moral. La recaudación impositiva es, por definición, la sustracción de la propiedad de alguien sin su consentimiento, ya que se basa en el inicio del uso de la fuerza para despojar a un hombre de su propiedad.

Lo que llamamos “el gobierno” no es más que otro ejemplo de este reino del revés en el que arriba es abajo, negro es blanco, la verdad es la mentira y el mal es el bien.

La sociedad avanza exactamente en la medida en que la razón y la evidencia impulsan el gran salto desde lo personal hacia lo universal, por sobre cualquiera de los reinos del revés que obstaculizan el camino. La ciencia progresa exactamente en la medida en que rechaza la irracionalidad de Dios y los “absolutos” subjetivos. La medicina avanza exactamente en la medida en que rechaza la eficacia de la oración y el vano ritual, y en cambio se apoya en la razón y la evidencia.

La filosofía también — y la sociedad humana en general — avanzará exactamente en la medida en que rechace la absurda “moral del círculo cuadrado” propia de las teorías éticas estatistas y religiosas.

GOBIERNO

(…)

Si yo digo que un círculo cuadrado tiene derecho a robar, estoy diciendo, ni más ni menos, que aquello que no puede existir tiene derecho a hacer algo que contradice al derecho — una afirmación completamente absurda, pero cargada de una extraña elocuencia en el “reino del revés” de la política.

(…)

Ciertamente, un traje militar no cambia la naturaleza de un ser humano, del mismo modo que un corte de pelo no lo convierte en un pato, un concepto, o un dios.

(…)

“Bueno”, puede que usted responda, “pero la diferencia es que el soldado posee la legitimidad moral que le ha otorgado el ciudadano medio, en aras de la defensa colectiva”.

Esto plantea una cuestión muy interesante: ¿pueden las opiniones cambiar la realidad?

OPINIONES Y REALIDAD

Naturalmente, comprendemos que yo no puedo, a través de mi opinión, liberarlo a usted de las restricciones de la gravedad.
(…)

Las “opiniones” son el tipo de ideas que no tienen sustento en la realidad, o que no pueden acompañarse de pruebas contundentes, o que expresan meras preferencias personales. (…) Las opiniones que pretenden ser una descripción de la realidad, pero no describen la realidad, no son más que prejuicios.
(…)

Así pues, creer que el asesinato es un bien moral no hace del asesinato un bien moral.
(…)

Dado que las opiniones no cambian la realidad, no es posible conceder ninguna excepción a una regla moral universal. Como las reglas morales se basan en la lógica universal, así como en la naturaleza física y la realidad del ser humano, conceder el “derecho al asesinato” tiene tanto sentido como otorgar la capacidad de levitar, de caminar sobre el agua o de afirmar, sin equivocarse, que dos más dos es igual a cinco.

GOBIERNO COMO VOLUNTARISMO

El uso de la fuerza inherente al gobierno como institución — la envoltura conceptual que invierte las reglas morales para un determinado grupo de individuos — es algo que siempre se mantiene fuera de los debates. Cuando se habla del gobierno, una sola cosa resulta inadmisible: señalar “la pistola en la habitación”. Se considera, casi por definición, que los gobiernos son elegidos por y para la gente, y que operan con su aprobación (explícita o implícita).

(…)

Así, la gente dice que los impuestos son parte del contrato social que han aceptado voluntariamente.

Esto es a la vez lógica y empíricamente falso.

Sabemos que es empíricamente falso porque no existe dicho contrato social. Ni usted ni yo hemos firmado nunca un documento adhiriendo voluntariamente al pago del impuesto sobre la renta — simplemente hemos nacido en un sistema que toma nuestro dinero a punta de pistola.

LA PISTOLA EN LA HABITACION

A esta altura, muchas personas argumentan que el sistema tributario no se impone a la fuerza, que la gente en realidad contribuye voluntariamente. Suelen decir, por ejemplo: “Jamás he sido amenazado a punta de pistola por un policía o por un recaudador de impuestos, no obstante lo cual llevo décadas pagando impuestos”.

(…)

Esto puede ser cierto, pero es completamente irrelevante. Si le digo a una mujer que voy a matar a sus hijos si se niega a tener relaciones sexuales conmigo, y ella accede a tenerlas, no será difícil entender la naturaleza inmoral de mi acción — a pesar de que no he utilizado ningún arma para llevarla a cabo. Es evidente que la mujer se somete a mi voluntad por temor a que yo cumpla con mis amenazas.
(…)

Pagamos impuestos porque sabemos que, si no lo hacemos, muy probablemente seremos agredidos por los representantes del Estado. Si yo decido no pagar mis impuestos, primero recibiré una carta, luego otra carta, luego una llamada telefónica y, finalmente, una citación judicial — y si no me presento en la corte, o no pago los impuestos atrasados y las multas e intereses acumulados, vendrán agentes de policía para llevarme a la cárcel, provistos de armas de fuego y con orden de dispararme si me resisto.

Decir que una relación basada en el uso de la fuerza es igual a una relación libre y voluntaria es completamente ilógico y contradictorio. Decir que la iniciación del uso de la fuerza es exactamente igual a la no iniciación del uso de la fuerza es como decir que lo negro es blanco, que abajo es arriba o que la verdad es la mentira.

Sin el “reino del revés”, estas ficciones corruptas no pueden sostenerse.

El “reino del revés” es la guarida de la bestia.

Evidentemente, sabemos que, a nivel personal, robar está mal; nada objetamos a una prohibición lógica y abstracta del robo, tal como la hemos planteado anteriormente — aún así, convivimos con este “reino del revés” o universo alternativo, en virtud del cual dichas oposiciones pueden ser aceptadas automáticamente, sin ningún tipo de cuestionamiento ni preocupación.

De acuerdo a CUP, robar está mal, tanto para mí como para usted. Sin embargo, en este “reino del revés” no sólo está permitido, sino que, de algún modo, es moralmente intachable — y hasta necesario — que otros roben. Nosotros no debemos robar — ellos deben robar. ¡Es locura moral!

POLICIAS

Apartemos a nuestro buen amigo Bob de su pequeña habitación destinada al ensayo de teorías morales, y reincorporémoslo a su antiguo trabajo de policía.

(…)

Por la mañana, cuando Bob se despierta, no puede asaltar a su vecino y quitarle su dinero. En su camino al trabajo — si bien lleva puesto el uniforme reglamentario — todavía no ha fichado, así que no tiene más derechos que cualquier otro ciudadano. Sin embargo, en el momento de fichar, como si descendiera del mismo cielo una columna de fuego amoral, Bob adquiere la asombrosa facultad de atacar a sus vecinos con plena legitimidad moral.

(…)
Él es absoluta, total y completamente el mismo individuo que antes de haber fichado — sin embargo, ahora está sujeto a reglas morales completamente opuestas.

(…)

Se nos dice que “deseamos” que Bob tome nuestro dinero — lo cual contradice ostensiblemente el hecho de que Bob se nos presenta con un arma cargada y apuntándonos a la cara. Según esta lógica, yo puedo recorrer las calles asaltando a todos mis vecinos y, al ser arrestado, mostrarme totalmente sorprendido:

“¡Ellos quieren que yo tome su dinero!”

“Pero entonces, ¿por qué los amenazaba con dispararles si no le entregaban el dinero?”

“¡Porque me lo deben!”

“¿No dijo usted que ellos querían darle el dinero?”

“No, no… ellos me lo deben. ¡En realidad es mi dinero!”

“¿A cuenta de qué le deben ese dinero?”

“¡Tenemos un contrato!”

“¿Me puede mostrar ese contrato?; ¿lo han firmado todos voluntariamente?”

“¡No es ese tipo de contrato! Es un… contrato social. Y además, según mi contrato social, de todas formas, yo soy el dueño de estas calles — ¡de todo el vecindario, maldita sea! Los que se niegan a pagarme pueden mudarse a otra parte — ¡no estoy obligando a nadie!”

Esto es algo tan absolutamente vil, deshonesto y disparatado como decirle a una mujer, mientras la estoy violando, que ella quiere tener sexo conmigo.
(…)

Ah, pero en el “reino del revés” del gobierno violar es hacer el amor, secuestrar es invitar, oponerse al robo es vil egoísmo, apelar a la coacción es prueba de benevolencia, etc.

(…)

ASPECTOS PRACTICOS

(…)

Si los representantes del gobierno afirman que un contrato social les permite obligar a una población “poco práctica” a comportarse de manera “más práctica”, se crea una contradicción insalvable.

(…)

Si un hombre de inteligencia extraordinariamente escasa no es capaz de entender el concepto de “salud”, ¿es razonable esperar que este hombre elija bien a su médico personal? Para que la elección de un médico sea racional, es necesario entender los conceptos de salud, eficacia, costo, profesionalidad, etc.

De la misma manera, si no permito que una mujer decida con quién se va a casar, es porque no la creo capaz de discernir las cualidades que hacen a un buen marido — pero si ella no es capaz de elegir a un buen marido, tampoco es capaz de delegar esa elección en mí, ya que no tendrá manera de evaluar mi criterio al respecto.­­

(…)

O soy capaz de tomar decisiones acertadas, o no lo soy. Si soy capaz de tomar decisiones acertadas, no tiene ningún sentido someterme a la coacción de por vida. Si no soy capaz de tomar decisiones acertadas, mi decisión de someterme a la coacción de por vida también carece de sentido.

(…)

Ciertamente, yo no puedo firmar en su nombre, sin su consentimiento, un contrato vinculante de por vida, o en nombre de mis hijos un contrato que los vincule a ellos de por vida. No puedo comprar un coche, enviarle a usted la factura y legítimamente exigirle que la pague. Si yo puedo reivindicar la facultad de imponerle a usted mis contratos unilaterales, CUP le otorga a usted también la facultad de responderme con su propio contrato unilateral firmado en mi nombre.

De este modo, aún si decido pagar voluntariamente mis impuestos, no puedo en justicia imponerle dicha opción a usted, ya que un contrato voluntario es una mera preferencia personal, y como tal no puede ser universalmente exigida por medio de la fuerza.

¿ES NECESARIO EL ESTADO?

Toda esta cuestión se vuelve aún más absurda cuando nos fijamos en la más común de las “justificaciones” morales para el poder de los gobiernos democráticos: que este se basa en “la voluntad de la mayoría”.

En primer lugar, “la voluntad” es un atributo individual, mientras que “la mayoría” es una etiqueta conceptual aplicada a un grupo.
(…)

La única justificación posible para la existencia del Estado sería que la mayoría de los hombres fueran malvados, pero que todo el poder del Estado estuviera siempre controlado por una minoría de hombres buenos.

Esta situación, aunque interesante en teoría, no se sostiene lógicamente por los siguientes motivos:

1. Los hombres malvados, siendo mayoría, rápidamente obtendrían más poder al votar en contra de la minoría, o llegarían al poder a través de un golpe;
2. No hay forma de asegurar que sólo la gente buena esté siempre a cargo del Estado;
3. No hay absolutamente ningún ejemplo de semejante situación en los oscuros anales de la brutal historia del Estado.

Al defender al Estado, invariablemente se comete el error de imaginar que todo juicio moral colectivo aplicado a cualquier grupo de individuos no se aplica al subgrupo de individuos que gobiernan. Si en una determinada sociedad el 50% de los ciudadanos son malvados, entonces al menos el 50% de los ciudadanos que gobiernan en esa sociedad serán, asimismo, malvados (y probablemente muchos más, ya que las malas personas suelen verse atraídas por el poder). Por lo tanto, la existencia del mal nunca puede justificar la existencia del Estado.

Si no hay mal, el Estado es innecesario. Si el mal existe, el Estado es demasiado peligroso para consentir su existencia.

(…)

Las instituciones sociales sólo pueden llegar a convertirse en monopolios violentos transfiriendo los gastos operativos de tal proceso a sus víctimas. Los gobiernos se expanden indefinidamente porque pueden pagar a los recaudadores de impuestos con una parte de los impuestos que recaudan. Los esclavos se ven, así, obligados a pagar el costo de su propia esclavitud.

En una sociedad voluntaria no habría impuestos; por lo tanto, cualquier grupo deseoso de obtener un poder monopólico tendría que financiar su propio ejército, algo que no sería económicamente viable.

Es muy difícil entender la lógica del argumento según el cual, con el fin de protegernos de un grupo que puede llegar a dominarnos, debemos apoyar a un grupo que ya nos ha dominado — que los ciudadanos deben crear y mantener un monopolio estatal para impedir el establecimiento de monopolios. No hace falta ser muy perspicaz para reconocer la insensatez de semejante propuesta.

(…)

LOS GOBIERNOS Y LA RELIGION

(…)

Para que la esclavitud sirva de manera eficiente a los explotadores, es necesario que los esclavos la vean como a una institución virtuosa; esto reduce notablemente el costo de controlar a los esclavos. Si yo lograra convencerlo de que es inmoral negarse a servirme, y moralmente loable ser mi esclavo, no necesitaría contratar a un gran número de matones para robarle, intimidarlo y mantenerlo bajo control.

Las mitologías de la religión y del Estado son ficciones que reducen fabulosamente el costo de controlar a poblaciones humanas.
(…)

La triste realidad es que el común de la gente ha sido esclavizada por entidades ficticias tales como naciones, dioses, culturas — y gobiernos.

(…)

Nuestro afán de ser buenas personas — combinado con la ilusión de virtud que resulta de obedecer a las mitologías morales — nos mantiene muy bien dispuestos a entregar nuestros recursos a quienes dicen representar a esas mitologías.

Una de las principales razones por las que sabemos que los gobiernos y los dioses son innecesarios, es su tremenda eficacia. Sabemos que la mayoría de los seres humanos tienen un ferviente deseo de ser buenos por lo fácil que resulta controlarlos valiéndose de teorías morales.

(…)

IMPUESTOS

Me dicen que, por haber elegido vivir en Canadá, le debo a “el gobierno” más del 50% de mis ingresos.

Despojado de mitología, ¿qué significa esto?

En realidad, puedo esperar hasta el final de los tiempos a que “el gobierno” venga a recoger su dinero. Esperar a que “el gobierno” pase por mi casa tiene tanto sentido como proponerle una cita al concepto de “femineidad”. En la misma línea, yo podría intentar pagar mi cena con la palabra “dinero”.

En realidad, cuando me dicen que debo pagar mis impuestos a “el gobierno”, lo que esto significa es que tengo que escribir un cheque para transferir mi dinero a una determinada cuenta bancaria, a la que tienen acceso personas concretas. Estas personas tienen derecho a tomar ese dinero y gastarlo como les parezca — estas personas ejercen, entonces, un control absoluto sobre mi dinero.

(…)

Normalmente, cuando un hombre armado viene a mi casa y exige que le entregue mi dinero, tengo derecho a usar la fuerza para defenderme. En este caso, sin embargo, como el sujeto lleva puesto un disfraz y dice representar a una entidad ficticia, no se me permite usar la fuerza para defenderme. (…) Y debo cumplir con sus exigencias, porque de lo contrario él tiene permitido apuntarme al pecho con su pistola, secuestrarme — o bien dispararme si me resisto — y mantenerme encerrado en una pequeñísima celda, donde seré sometido a toda clase de brutalidades durante años, incluyendo violaciones reiteradas.

Curiosamente, si un hombre me debe una suma de dinero que puedo legítimamente reclamarle, yo no tengo permitido secuestrarlo y torturarlo.

Así, la recaudación de impuestos viola ostensible y categóricamente el marco de CUP, pues constituye una transferencia violenta de propiedad por medio del inicio de la fuerza.

Robar, como ya hemos demostrado, es inmoral.

(…)

GOBIERNO, RELIGION Y CUP

(…)

La proposición más frecuentemente utilizada para justificar el poder del gobierno es: “el gobierno tiene derecho a tomar su dinero”. Este enunciado, sin embargo, es totalmente impreciso y falso. “El gobierno” no tiene derecho a tomar su dinero, ya que “el gobierno” no es más que un concepto, una descripción abstracta de un grupo de personas que así se auto-definen. CUP requiere un enunciado más coherente y objetivo. Dado que las reglas morales deben ser iguales para todos en todas partes y en todo momento, debemos reformular la norma de la siguiente manera:

“Los seres humanos pueden en justicia tomar el dinero de otros seres humanos, siempre y cuando inventen una entidad conceptual que legitime sus actos”.

(…)

Si es moralmente aceptable inventar obligaciones e imponérselas a otros, pero es imposible hacerlo si todo el mundo posee dicha facultad, entonces obrar moralmente se torna imposible bajo tal supuesto. Observemos nuevamente a Bob y a Doug en la habitación de los experimentos morales: la única manera de que Bob se salga con la suya inventando una obligación e imponiéndosela a Doug, es que Doug renuncie a imponer sus propias obligaciones imaginarias — tenemos entonces la siguiente situación: lo que es moralmente válido para una persona sólo puede lograrse a partir de un acto inmoral de otra persona. La virtud, por lo tanto, sólo puede ser habilitada por el vicio, lo que no es posible — y tenemos reglas morales opuestas para dos seres humanos en igual circunstancia, algo que es instantáneamente reconocido como inválido e impugnado por CUP.

En otras palabras, cada justificación imaginaria del uso de la fuerza puede ser contrarrestada por otra justificación imaginaria del uso de la fuerza.
(…)

RELIGION Y CUP

Lo mismo puede decirse de la religión.

El enunciado: “Usted me tiene que obedecer porque Dios así lo ha dispuesto”, debe ser reformulado con mayor precisión: “Una entidad que yo he inventado ha dispuesto que usted me obedezca”. En este caso, el principio requerido por CUP es el siguiente: “Los seres humanos deben imponerle a otros seres humanos obligaciones positivas que estos últimos no han escogido, y justificar dichas obligaciones apelando a la voluntad de entidades imaginarias”.

Observando a Bob y a Doug en su pequeña habitación, muy pronto descubrimos que se trata de una proposición imposible. Bob le dice a Doug: “Usted tiene que darme su encendedor, porque mi amigo imaginario se lo ordena”. A lo cual Doug, naturalmente, responde: “Usted no debe pedirme el encendedor, porque mi amigo imaginario se lo prohíbe”. Si los “mandatos” de Bob son válidos, los de Doug también lo son, de modo que se anulan entre sí.

(…)

CUP Y “LA MAYORIA”

(…)

Regresemos por última vez a la habitación de Bob y Doug, e introduzcamos a “Jane”.

Ahora que hay tres personas en la habitación, podemos atender al principio del “gobierno de la mayoría”.

Si Bob, Doug y Jane decidieran por votación si violar a Jane es algo moralmente aceptable o no, la evidente inmoralidad e injusticia de semejante iniciativa nos haría retroceder espantados. Sin lugar a dudas, aún si el voto negativo de Jane fuera superado por el de “la mayoría”, no pasaríamos a considerar a la violación resultante como un acto moralmente aceptable.

¿Por qué no?

Bueno, CUP no reconoce a las agrupaciones como entidades reales. La “mayoría” es una mera etiqueta conceptual; no existe en la realidad, no más que los “dioses” o los “gobiernos”. Por lo tanto, afirmar que el concepto de “la mayoría” tiene algún tipo de cualidad o facultad moral es totalmente inválido — es como decir que “la Patria” puede quedar embarazada, o que uno puede sentarse en la palabra “silla”.

Decir que “la mayoría” tiene derechos o atributos que se oponen a los derechos o atributos de cualquier individuo también contradice los principios racionales, dado que los grupos conceptuales sólo pueden validarse identificando con precisión las características individuales de sus integrantes. Si digo que los “mamíferos” son seres vivos de sangre caliente, ¿puedo incluir a tres flamencos de plástico en la categoría de “mamífero” sin faltar a la lógica?

Por supuesto que no.

Si está mal que los seres humanos violen, ¿puedo crear una categoría denominada “la mayoría” y luego, sin faltar a la lógica, decir que está bien que estos seres humanos violen?

Por supuesto que no.

REGLA DE LA MAYORIA

(…)

Sólo los individuos actúan — la “mayoría” no actúa. Si las reglas morales pueden modificarse cuando un cierto número de personas se juntan, entonces CUP es vulnerada continuamente.

Si es moralmente válido que Bob y Doug violen a Jane porque ellos “tienen la mayoría”, ¿qué pasa cuando llegan dos amigos de Jane y votan en contra de Bob y Doug?

Bueno, de pronto los votos de Bob y Doug son superados por los votos de “la mayoría”, y violar se convierte, otra vez, en un acto inmoral.

Nada sustancial ha cambiado en estas votaciones, no obstante lo cual tenemos una serie de normas morales opuestas para los mismos hombres — algo que transgrede la CUP, y por ende no es válido.

Violar no puede estar bien, después mal y después nuevamente bien, sólo porque algunas manos bajan o suben.

(…)

PRUEBAS ADICIONALES

LA ECONOMIA DE LIBRE MERCADO

El marco de CUP anticipa, valida y explica las razones del éxito material de la economía de libre mercado.

Teóricamente, la economía de libre mercado se basa en la aplicación de la teoría universal de los derechos de propiedad. El comunismo, por el contrario, se basa en el rechazo explícito de la teoría universal de los derechos de propiedad. Como ya hemos demostrado que la teoría universal de los derechos de propiedad es la única válida [ver más atrás “PROPIEDAD COMO UNIVERSALIDAD”], podemos explicar en un nivel fundamental por qué el comunismo resulta ser tan desastroso, mientras que la economía de libre mercado es tan productiva.

Puesto que los seres humanos tienen, de hecho, igualdad de derechos de propiedad, cualquier sistema social que rechace este derecho estará condenado al más absoluto fracaso — así como cualquier ingeniero de puentes que niegue la realidad de la fuerza de gravedad será incapaz de construir un puente sustentable.

EL METODO CIENTIFICO

La lógica y la ciencia son metodologías que de hecho existen — junto con la moral — en el marco de CUP. En otras palabras, la lógica y la ciencia son validadas por el marco de CUP.

Una pregunta central que debemos responder es: ¿por qué el método científico es infinitamente superior a otros “métodos” empleados para adquirir conocimientos, tales como el misticismo?

CUP responde a esta pregunta.

Cualquier método empleado para adquirir conocimientos debe ser coherente, universal e independiente de tiempo y lugar. El método científico cumple con estos requisitos, a diferencia del misticismo — que es irracional y subjetivo.

EDUCACION PUBLICA

Un principio fundamental de la economía de libre mercado es que la calidad sólo puede ser el fruto de interacciones voluntarias. La coacción es ineficiente por naturaleza, y siempre da como resultado algo (bienes, servicios, relaciones, etc.) de mala calidad. Las panaderías soviéticas nunca entregaban pan de buena calidad; un hombre que golpea a su esposa nunca tendrá un matrimonio feliz.

El inicio del uso de la fuerza es incompatible con cualquier teoría moral racional — es una violación específica y explícita de la CUP. Dado que las escuelas públicas se financian merced a la iniciación del uso de la fuerza, constituyen una forma de asociación compulsiva, lo cual supone un claro atropello a la libertad de asociación validada por CUP.

Dado que la violencia infringe el requisito moral de evitabilidad (la posibilidad de evitar) — y la falta de evitabilidad siempre engendra mala calidad — CUP nos ayuda a predecir el bajo nivel educativo que siempre acabarán ofreciendo las escuelas públicas.

CUP también nos ayuda a predecir que, cuanta más fuerza sea utilizada en el ámbito de la educación pública — a medida que aumentan los impuestos, las regulaciones arbitrarias, las imposiciones gremiales, etc. — peor será la calidad de la enseñanza.

(…)

PARALELOS

(…)

Hoy se considera indispensable contar con una entidad supuestamente virtuosa, denominada “el gobierno”, en el centro de la sociedad. En ausencia de esta entidad, se considera axiomático que la sociedad se hundirá en el caos y dejará de existir — así como nuestros antepasados consideraban que, en ausencia de dioses, el universo mismo sería presa del caos y dejaría de existir.

Sin embargo, la existencia de “el gobierno” es tan cierta como la existencia de “Dios”.

Cuando hablamos de “Dios” o “los dioses”, en realidad estamos aludiendo a “las opiniones de los sacerdotes”.

Cuando decimos “el gobierno”, en realidad nos estamos refiriendo a “la violencia de una pequeña minoría”.

La idea de “orden espontáneo”, plenamente demostrada en los ámbitos de la física y la biología, sigue siendo algo casi inconcebible en el ámbito de la sociedad.

Sin embargo, “los gobiernos” son tan necesarios para la organización y el sustento de la sociedad como “los dioses” lo son para la organización y el sustento del universo.

De hecho, así como las religiones han obstaculizado el progreso de la ciencia, los gobiernos obstaculizan el progreso de la sociedad. Y al igual que las ilusiones de la religión, las ilusiones del gobierno han causado la muerte de cientos de millones de personas a lo largo de la historia.

Tanto la falsa ética de las religiones como la falsa ética de los gobiernos “justifican” el abuso, la corrupción y la violencia en todas sus formas.

Cuando elegimos vivir sometidos a fantasías, de una u otra manera estamos eligiendo la destrucción.

Cuando elegimos regular la sociedad en función de mitologías morales religiosas, engendramos inevitablemente guerras, violencia, represión, abuso, corrupción generalizada y extraordinarios niveles de hipocresía.

Cuando elegimos regular la sociedad en función de mitologías morales estatistas, los resultados no son diferentes.

Podemos elegir la virtud o la coacción.

No podemos tener ambas cosas.

SOLUCIONES

Podemos optar por creer que el gobierno es una institución a la vez necesaria y virtuosa. Podemos optar por creer que, sin gobierno, la sociedad colapsaría y el mundo se extinguiría en una guerra de todos contra todos. Podemos optar por creer que, sin gobierno, no habría carreteras, ni educación, ni salud, ni jubilaciones, ni bibliotecas, ni protección de la propiedad y así sucesivamente.

Supersticiones muy similares han retrasado el progreso de la humanidad a lo largo de toda la historia. El precursor más importante del tipo de revelaciones que ofrece CUP acerca del gobierno es el tipo de revelaciones que ofreció la ciencia acerca de la religión.

(…)

Cada vez que un sistema utilizado para justificar el poder puede ser concebido en funcionamiento sin ese poder, quienes se benefician de la manipulación de tal poder se apresuran a advertir que, sin ellos, todo está perdido.

Los sacerdotes hicieron esto en los albores de la revolución científica. Sin Dios, la vida no tiene sentido. Sin Dios, el hombre no tiene moral. Sin Dios, nuestras almas no pueden salvarse. Sin Dios, el mundo se hundirá en el caos y el mal reinará.

Nada de esto es cierto, por supuesto. De hecho, todo lo contrario resultó ser cierto. El fin de la religión como visión del mundo preponderante allanó el camino a la separación de Iglesia y Estado, el fin de la aristocracia, la emergencia del libre mercado y el florecimiento de las libertades humanas en buena parte del mundo.

La caída de Dios fue el ascenso de la humanidad.

De la misma manera, sólo cuando empezamos a ver a la sociedad tal como los primeros científicos vieron al universo — como un sistema auto-sostenible, sin la necesidad de una autoridad central imaginaria — podemos empezar a concebir las posibilidades (y a comprender el rol) de la libertad humana.

La instauración de un monopolio central coactivo en la sociedad retrasa indefinidamente el progreso del conocimiento, de la sabiduría, de la virtud, de la salud física y mental — así como la instauración de un monopolio central coactivo en el universo ha retrasado el progreso del conocimiento, de la sabiduría y de la ciencia.

La única forma de oponerse a las entidades imaginarias es ir con la verdad implacablemente. La única forma de oponerse a Dios es apelando a la razón, la evidencia y el conocimiento científico.

La única forma de oponerse al Estado — la más peligrosa de las entidades imaginarias — es apelando a la razón, la evidencia y el conocimiento científico.

EL FUTURO

Nos guste o no, CUP se aplica a todo lo que hacemos. Los humanos se inclinan naturalmente por la coherencia, dado que son seres portadores de una conciencia racional en un universo coherente y racional. Por ende, cualesquiera sean la premisas que aceptamos, éstas tienden a demandar más y más conductas coherentes a lo largo de nuestras vidas — y a lo largo de la “vida” de nuestra cultura o nación.

Así, un hombre convencido de que la intimidación es una buena manera de conseguir lo que desea tiende a intimidar más y más a lo largo de su vida. Un hombre convencido de que la violencia es un modo aceptable de resolver problemas tiende a ser cada vez más violento.

En otras palabras, CUP exige coherencia incluso en la incoherencia.

De igual manera, las premisas morales de una cultura determinan su futuro. Una cultura basada en justificaciones para la coacción siempre será más coercitiva. Una cultura basada en la razón y la libertad siempre será menos coercitiva.

Por eso es tan importante la delimitación de un marco racional para la ética.

Nos convertimos en lo que creemos.

Si creemos en mentiras, nos convertiremos en esclavos.

CONCLUSIONES

En poco tiempo hemos cubierto un amplio territorio. El desafío más imperioso de la filosofía es, indudablemente, la definición de una moral universal, objetiva y absoluta que no dependa de Dios o del Estado. Cuando nuestra definición de la moral se apoya en Dios o el Estado, la moral deja de ser universal, objetiva y absoluta. En otras palabras, ya no es moral.

La invención de entidades imaginarias como “Dios” y “el Estado” de ningún modo responde a nuestras preguntas sobre la moral.

Somos plenamente conscientes de que la invención de Dios no sirvió ni servirá jamás para responder a nuestras preguntas sobre el origen de la vida o el universo. Decir, en respuesta a cualquier pregunta, “Un ser incomprensible hizo algo inconcebible de alguna manera insondable con un propósito incognoscible” no puede considerarse una respuesta racional bajo ningún pretexto.

El grave peligro de inventar “respuestas” esotéricas a preguntas esenciales es que de tal modo se provee la ilusión de una respuesta, y esta ilusión a menudo clausura la búsqueda de la verdad. Por otra parte, quienes sacan provecho de estas absurdas no-respuestas inexorablemente se unen para defenderlas.

En el ámbito de la religión, estos individuos integran la casta sacerdotal; en el ámbito del gobierno, la casta política.

Cuando una pregunta esencial se topa con una “respuesta” mística y violenta, el progreso humano se detiene y se instituye el atraso. La ciencia de la meteorología nunca llega a originarse si los sacerdotes afirman que la lluvia cae merced a la voluntad de los dioses. La ciencia de la medicina no alcanza a desarrollarse si la enfermedad es considerada un castigo de los dioses. La ciencia de la física se estanca y retrocede si el movimiento de las estrellas pasa a ser visto como un mecanismo de relojería creado por las deidades.

Cuando se dan respuestas falsas a los interrogantes morales, cuestionar esas respuestas inevitablemente se convierte en un crimen moral. Cuando las ilusiones sustituyen a la curiosidad, los beneficiarios de las ilusiones siempre acaban empleando la violencia para defender sus mentiras.

Y son los niños, invariable y eternamente, las primeras víctimas de esta perversa explotación.

No es necesario intimidar a los niños para que jueguen a la mancha, o para que entiendan que dos más dos es igual a cuatro. La mente humana no precisa del terror, del aburrimiento ni de los insultos para captar la verdad. No hace falta “enseñarle” a un niño que un juguete es real diciéndole que, si no lo cree, será condenado al infierno. No hace falta intimidar a un niño para que acepte que el chocolate tiene buen sabor diciéndole que, si no lo cree, sus papilas gustativas serán eternamente castigadas a causa del pecado original.

Sostener que la moral existe porque Dios lo dice es exactamente igual a sostener que la moral no existe.

(…)

Si la moral se justifica invocando la autoridad de un ser que no existe, entonces la moral, por definición, no está justificada. Si extiendo un cheque “certificado” por un banco que no existe, ese cheque es, por definición, inválido.

Lo mismo se aplica a la imposición de la moral por medio de un monopolio irracional. Si admitimos la existencia de un gobierno — un grupo minoritario de personas que reivindican el derecho a iniciar el uso de la fuerza, un derecho que es expresamente negado a todos los demás — entonces todas y cada una de las “reglas” morales impuestas por el gobierno son puramente subjetivas, ya que el gobierno se basa, por definición, en la violación de las reglas morales.

Si yo digo que necesito al gobierno para que proteja mi propiedad, pero el gobierno es, por definición, un grupo de personas que pueden violar discrecionalmente mis derechos de propiedad, quedo atrapado en una contradicción ineludible. Estoy diciendo que mis derechos de propiedad tienen que ser defendidos — y luego, para defenderlos, acudo a una entidad que puede violarlos en cualquier momento. Un caso equivalente sería el de una persona con tanto a miedo a ser violada que, para protegerse, ha decidido contratar a un guardaespaldas — y según el contrato que los vincula, el guardaespaldas tiene permitido violar a su cliente cuantas veces quiera.

Debido a que la “moral” basada en el Estado y la religión es tan irracional y auto-contradictoria, ésta necesita, para funcionar, de un organismo social con el monopolio del inicio de la fuerza. En un entorno en el que todo el mundo se siente libre de fabricar “sistemas morales” a medida, y de alegar justificaciones absolutas en base a entidades imaginarias, no es posible el entendimiento y la negociación racional. No es que necesitamos un gobierno porque la gente es mala; en realidad, acabamos teniendo un gobierno porque la gente es irracional. Las falsas teorías morales terminan siempre requiriendo de la violencia para imponerse. Las falsas teorías morales no se han desarrollado en respuesta a la violencia — en realidad, las falsas teorías morales engendran violencia — de hecho, exigen violencia.

La irracionalidad y el subjetivismo moral que esconden “Dios” — como respuesta a “¿qué es la verdad?” — y “el gobierno” — como respuesta a “¿qué es la moral?” — son tan fácilmente descubiertos por el marco de CUP que es difícil entender por qué el empleo de este concepto no se ha generalizado.

Una razón fundamental es que la comprensión efectiva de CUP involucra a las funciones mentales más elevadas. Ser racional es algo relativamente fácil; pensar en las premisas que se hallan implícitas en la racionalidad, y en todo lo que entrañan, es algo muy difícil. Debatir es algo relativamente fácil; dilucidar todos los presupuestos que implica el acto mismo de debatir es algo muy difícil.

Es fácil atrapar una pelota — es difícil crear la física que explica el movimiento universalmente.

Pensar acerca del pensamiento es la disciplina mental más difícil de todas.

En los cuentos de hadas, aquella “bestia” que aterroriza y esclaviza a la humanidad siempre se sitúa en la cima de una montaña, o en una cueva profunda. La gente le teme a una bestia que se esconde allí afuera en algún lugar, y es por eso que la bestia nunca ha sido derrotada.

La bestia nunca ha sido derrotada porque la bestia es una ilusión.

La bestia no puede ser derrotada en el mundo porque la bestia se halla en nuestro interior.

La fantasía colectiva de que existe un “reino del revés” llamado “el gobierno”, en donde la moral se invierte como por arte de magia, es igual a la fantasía colectiva de que existe un “reino del revés” llamado “Dios”, en donde la realidad se invierte.

Si definimos a la “moral” según las peculiares fantasías de simples mortales, esta quedará por siempre bajo el control de tiranos manipuladores y sedientos de poder. Puesto que Dios no existe, quienes basan en Dios su discurso moral no hacen más que inventar definiciones para servir a sus propios fines.

Puesto que “el Estado” no existe, quienes basan en el gobierno su discurso moral no hacen más que inventar definiciones para servir a sus propios fines.

Si no logramos definir una moral racional y objetiva, libre de las veleidades subjetivas de cada individuo, nunca desplegaremos el tipo de progreso que tanto necesitamos como especie.

La moral debe unirse a la esfera de las ciencias, con la física, la biología, la geología y la química, si hemos de prosperar — y, acaso, si hemos de sobrevivir.

De hecho, si el coraje nos acompaña, esta es la única disciplina que puede liberarnos — a nosotros, a nuestros hijos y, en el futuro, a toda la humanidad — de la tiranía de la bestia más feroz: nuestras propias ilusiones morales.

APENDICE 1:

CUP en pocas palabras

1- La realidad es objetiva y coherente.
2- La “lógica” es el conjunto de reglas objetivas y coherentes derivadas de la coherencia de la realidad.
3- Las teorías que se ajustan a la lógica se denominan “teorías válidas”.
4- Las teorías que se confirman mediante pruebas empíricas se denominan “teorías precisas”.
5- Las teorías que son válidas y precisas se denominan “teorías verdaderas”.
6- Las “preferencias” son necesarias para la vida, el pensamiento, el lenguaje y el debate.
7- Todo debate presupone que “la verdad” es considerada objetiva y universalmente preferible por ambas partes.
8- Así, el acto mismo de debatir lleva consigo una aceptación de la conducta universalmente preferible (CUP).
9- Las teorías referidas a CUP deben superar las pruebas de consistencia lógica y verificación empírica.
10- El subconjunto de CUP que examina la conducta impuesta o exigible (el uso de la violencia) se llama “moral”.
11- Como la moral es un subconjunto de CUP, ninguna teoría moral puede considerarse demostrada si no es lógica y/o si no se apoya en evidencia empírica.
12- Las teorías morales que poseen fundamento lógico y empírico son verdaderas. Todas las demás teorías morales son falsas.

APENDICE 2:

Extracto de todos mis debates acerca de CUP…

Escéptico: CUP no es válida.

Yo: ¿Cómo lo sabe?

Escéptico: ¡No está demostrada!

Yo: Entonces, ¿la “demostración” es CUP?

Escéptico: No, nada es CUP.

Yo: Afirmar que “nada es CUP”, ¿no es CUP?

Escéptico: No, ¡eso no es lo que estoy diciendo! ¡Estoy diciendo que CUP no es válida!

Yo: ¿Por qué?

Escéptico: ¡Porque es falsa!

Yo: ¿Entonces presentar argumentos válidos es CUP?

Escéptico: ¡No!

Yo: ¿Entonces los argumentos falsos no tienen nada de malo?

Escéptico: No.

Yo: ¿Y por qué se opone usted a un argumento falso?

Escéptico: Oh, es tan sólo una preferencia personal. Simplemente me desagrada la falsedad.

Yo: ¿Entonces está usted argumentando a favor de una mera preferencia personal?

Escéptico: ¡Claro!

Yo: ¿Pero por qué debería su preferencia personal anteponerse a la mía? — ¿y qué sentido tiene molestarse debatiendo preferencias personales?

Escéptico: Oh — ¡es que CUP no es válida!

Yo: ¿Por qué?

Escéptico: ¡Porque se contradice a sí misma!

Yo: ¿Entonces la coherencia es CUP?

Escéptico: ¡No! ¡Y deje ya de repetir lo mismo una y otra vez! y vaya a leer a Kant / Hegel / Hume, etc

etc etc etc…

Traducción: Marcelo J. Fleischer

2 comments to Conducta Universalmente Preferible: Una Demostración Racional de la Ética Secular

  • Juan S

    Genial, muchas gracias por traducir esto. en los meses que vienen tal ves en 4 o 6 voy a tener mas tiempo libre, y me gustaria ayudarles a traducir, “REAL TIME RELATIONSHIP” uno libro muy importante tambien the stefan en my opinion. yo los contactare entonces, pero queria decirles.

    Tiene una copia de esta traduccion en PDF? me gustaria repartirla entre amigos en colombia. : )
    gracias.

    • Mariana y Marcelo

      Hola Juan, gracias por contactarnos. Te cuento que si bien el sitio fdrspanish no está activo ahora, otro miembro de FDR tomó la posta y está completando la traducción parcial de UPB que hicimos nosotros. Tus aportes serán más que bienvenidos.

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